El presidente perdió la confianza en Arturo Herrera. Lo más probable es que la grieta se abrió y ensanchó con la asignación de recursos presupuestales a los Estados en las semanas previas a las elecciones.

Nuevo León tuvo un crecimiento en términos reales de sus participaciones de 9% en el primer semestre de 2021. En Jalisco, el incremento fue 4.6%. ¿Le consultó al presidente de estos apoyos inoportunos para la causa de la 4T? 

La 4T sigue buscando explicaciones y culpables para los resultados electorales de junio. No se cumplió con el objetivo de mantener mayoría calificada en el Congreso. Tampoco se consiguió la gubernatura de Nuevo León ni avances en un Estado como Jalisco, donde gobierna un suspirante a la presidencia del 2024.

En Palacio Nacional se han revisado con lupa las transferencias de Hacienda a los Estados. El monto es de unos 80 mil millones de pesos mensuales. El presidente y su primer círculo parecen convencidos de que Herrera no hizo todo lo que le tocaba desde Hacienda para que Morena y sus aliados ganaran con el margen que necesitaban.

Hay entidades, como Sonora, en las que Alfonso Durazo asumió la gubernatura y no cuenta con los recursos que supone le corresponderían para cerrar el 2021. El ex secretario de Seguridad Pública es uno de los que expresó su molestia con el presidente por el manejo que hizo Arturo Herrera de sus facultades a la hora de entregar recursos.

En el apoyo a los grandes proyectos del presidente, Herrera también quedó a deber, siempre según la perspectiva de la línea más pura y dura de la 4T. No consiguió quitarse totalmente su traje de tecnócrata ni se convirtió en el porrista entusiasta que el Presidente cree que merecen los proyectos. En la refinería de Dos Bocas empezó como un sinodal desde sus tiempos en la subsecretaría. En 2019, manifestaba sus dudas sobre la viabilidad financiera a un proyecto que vale más de 10 mil millones de dólares. Al convertirse en Secretario, terminó siendo un testigo de piedra, parco en los elogios a los megaproyectos. Haciendo malabares entre las necesidades de la 4T y la necesidad de mantener la confianza de inversionistas y calificadoras. Poco confiable para la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, una de las personas más cercanas al presidente y líder del proyecto de refinerías. 

Su última decisión pública como Secretario de Hacienda fue un decreto de cambios profundos al Sistema de Aduanas. El envío se hizo el último día en el que despachaba en Palacio Nacional. Lo más importante de esta medida fue reducir drásticamente la posición del SAT en la operación de las aduanas.

La decisión estaba en proceso de revisión y, en términos generales, estaba de acuerdo con las recomendaciones de la jefa del SAT, Raquel Buenrostro, pero dejó un mal sabor de boca la publicación del decreto en “tiempos extras” de Herrera en Hacienda. La implementación de las medidas no le tocaba a él, sino a Rogelio Ramírez de la O.

¿Estos desencuentros (u otros similares) son suficientes para descarrilar la candidatura de Herrera al Banxico? Al parecer sí. El presidente no es el mismo ahora que el que postuló a Arturo Herrera el 9 de junio. Se ha radicalizado y parece más dispuesto a aplicar medidas disciplinarias ante la menor sospecha de deslealtad o desviación de la ortodoxia. El gabinete también ha cambiado. La tecnocracia y las razones tecnocráticas son vistas con desconfianza, cada vez más.

¿Es game over para Herrera? Los términos en los que Ricardo Monreal comunicó el retiro de la candidatura del ex Secretario de Hacienda dejan ver que es poco probable que el presidente lo vuelva a proponer. El propio comunicado por Twitter de Herrera parece más un mensaje de despedida que un aviso de que sigue en la pelea. La decisión se tomó hace dos meses y coincide, entre otras cosas, con la llegada de Rogelio Ramírez de la O a la Secretaría de Hacienda. De entonces a la fecha, algunas personas cercanas a Herrera perdieron su posición, entre ellos Juan Pablo Graff, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

¿Qué sigue? Uno de los mayores retos es encontrar a un Gobernador del Banco de México que genere confianza en los mercados y las instituciones financieras; que además, sea visto con buenos ojos por el presidente y, también puede tener el respeto del equipo del Banco de México, una de las burocracias mejor preparadas de México, pero también una de las más cerradas.

Hemos tenido grandes banqueros centrales: Miguel Mancera, Guillermo Ortíz, Agustín Carstens y Alejandro Díaz de León. Cada uno de ellos ha sido acompañado por grandes profesionales en la Junta de Gobierno. Tenemos uno de los mejores bancos centrales de América latina y de los países emergentes. Aquí y ahora se necesita una decisión con altura de miras. Estamos en medio de una crisis inflacionaria que es global. Estamos viviendo cotidianamente el reto de mantener la confianza de los inversionistas para combatir la inflación y para generar confianza, necesitamos un Banco de México fuerte y autónomo. ¿quién será la propuesta de AMLO para Gobernador o Gobernadora? ¿Cómo reaccionarán los mercados? ¿Qué pasará con la autonomía del Banco Central?

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.

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