Arrancan las campañas electorales, 15 días después del fallido inicio formal que coincidió con el?periodo vacacional de Semana Santa.

Enrique Peña Nieto ha tenido el comienzo más afortunado, arropado con una sólida estrategia y un cohesionado equipo de campaña. El PRI y su candidato presidencial se conducen conforme al script del contendiente que lleva una clara delantera: administrar la ventaja con la menor exposición y confrontación posibles. Evitar desgastarse en conflictos innecesarios, mientras se muestra total disposición y serenidad para responder críticas y acusaciones.

Frente a la contundente distancia de sus adversarios, el reto estará en no caer en la tentación de los excesos, el derroche de gastos, la ostentación del aparato de campaña.

Josefina Vázquez Mota ha tenido el arranque más complicado. Entre fallos organizativos, errores personales y tropiezos de salud, ha relanzado su campaña por segunda ocasión desde su toma de protesta como abanderada blanquiazul.

El problema mayor para Vázquez Mota ha sido marcar distancia de la presente administración y construir una imagen propia. La fortaleza que la precandidata Vázquez Mota mostró en la contienda interna del PAN se ha diluido y cuesta trabajo entender lo que significa su lema de campaña Josefina diferente .

Frente a esta confusión, el PAN lanzó la ofensiva para evidenciar el mal desempeño de Peña Nieto como Gobernador del Estado de México, en lo que se redujo al sainete de un día. La errática campaña panista está resultando muy costosa para Josefina y el reto hoy no parece tanto disputar la Presidencia, sino no perder el segundo lugar en la contienda.

Andrés Manuel López Obrador cumple más de seis años en campaña presidencial y muestra signos de fatiga. Ciertamente, su nuevo discurso ha logrado revertir los negativos de su imagen personal. Sin embargo, las bondades de la República Amorosa no parecen reflejarse en las intenciones de voto en su favor, por lo que ha vuelto a la carga con algunas posiciones del radical de antaño.

El reto ahora será no ahuyentar a su público converso, frente a su rotundo rechazo a promover las reformas estructurales o sus ataques a la imparcialidad del IFE, que recuerdan tanto al López Obrador del 2006.

Si las campañas logran atraer la atención de un electorado todavía desatento, comenzaremos a ver si las tendencias se ajustan hacia una elección realmente competida o si se confirma el escenario actual.

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