Señoras y señores, el huevo está en el nido. Arrancó ya la gran carrera por el campeonato nacional de marcas, en la que finalmente cuatro corredores buscan coronarse en esta competencia sexenal.

Usted ya lo sabe, el campeón será el responsable de guiar los destinos de la gran carpa del automovilismo nacional en los próximos seis años, así como administrar los recursos de las entradas.

La foto oficial de la parrilla de salida los muestra a todo el público a través de las pantallas del estadio nacional: en el carril número uno, rugió el motor de Lopitos El Molido Solitario, un sedán 1953 conocido ya porque en las dos carreras anteriores se quedó en la orilla. Juntito a él, Ricky El Gallo Blanco, recién salido de las naves industriales queretanas, aunque esta vez no lució impecable, como siempre, ya que su conductor dijo que él no vuelve a lavar nada que no sea su carita cuando se baña.

En el carril número tres aparece Pepe Tony, mejor conocido como Tony El irlandés, que según dice, corre sin mancha; bueno, salvo las que trae de fábrica, que casi ni se ven, pero él las enseñó un día antes en el YouTube. No quiso que en su carro aparezca la marca del fabricante. Y en el carril cuatro entró de panzazo Chalecito Morado (antes era azul), empujada por su jefe de equipo, el excampeón Jel Íppe Caserón Enojosa.

Dos carriles más quedaron desiertos, aunque ya estaban tuneados con marcas de sus competidores. En uno estaba un caballito y en otro un gatito con manchas. No pudieron correr, porque dicen que hicieron trampa, ¡eso dicen! Y que los cachó don Lencho Donelli y que me los corre.

En esta carrera todos empezaron por donde se les dio su recorazonada. Lopitos en el Paso del Norte, que porque allá empezó la Revolución y porque por allá andaba Juárez. Ricky se fue al Bajío porque allá tiene muchos amigotes y ahorita le hacen falta (ya sabe usted, tiene una facilidad para perder amigos). Tony El irlandés prefirió empezar bomba en Yucatán donde sus cuates hasta los recibieron con jaranas, y Chalecito morado que se adelanta y apartó primero al Ángel de la Independencia, para no ir tan lejos porque todavía no le llegan los centavos, ya ve que puso digna y no quiere gastar dinerito de las entradas a la gran carpa.