Ahora sí, una vez concluida la Semana Santa, los ciudadanos mexicanos entramos de lleno al período de campañas. He de confesar, que para el ciudadano común y corriente la diferencia entre la precampaña, la intercampaña, ese extraño período de supuesta sequía publicitaria por el cual acabamos de pasar, y la verdadera campaña, ese abrumador período al que acabamos de entrar esta semana, es prácticamente imperceptible. Estoy seguro que para ahora, la gran mayoría de los ciudadanos ya conocemos al candidato que nos interesa que gane y a los que no.

Para todos aquellos que aún no lo saben, el INE les regala desde el 14 de diciembre del año pasado hasta el 27 de junio del año en curso un poco más de 58 millones y medio de minutos de spots publicitarios en radio y en televisión. ¡Lo cual equivale a 117 millones de spots de 30 segundos!

Esto adicional a todas las entrevistas, editoriales, vallas, posters, basura propagandística y ocular que veremos por las ciudades, municipios, palenques, ferias, y demás numeritos que los partidos y sus candidatos monten en este período. En una entrevista que José Cárdenas de Radio Formula hizo al Consejero del INE Benito Nacif, éste anunció que las elecciones podrían llegar a costar hasta 45 mil millones de pesos, lo cual se antoja como un presupuesto tremendamente importante para un espectáculo tan desprestigiado como las elecciones. Este monto equivale a un poco más de 2 mil quinientos millones de dólares.

Para poner las cosas en perspectiva, las elecciones presidenciales y de congreso de 2016 en Estados Unidos costaron 6 mil quinientos millones de dólares. Lo cual parece exorbitante considerando que varios países del mundo no tienen un PIB de esa magnitud.

Sin embargo, un interesante dato sobre la campaña de 2016 en el país vecino es que según MediaQuant, Donald Trump adicionalmente obtuvo cerca de 5 mil millones de dólares de publicidad gratuita por el simple hecho de hacer declaraciones absurdas, desproporcionadas o insultantes. Lo cual le resultó una maravillosa estrategia publicitaria.

Si bien es perfectamente entendible que la ciudadanía merece informarse y escuchar las propuestas de los candidatos a presidentes, gobernadores y demás cargos de representación popular, también es cierto que múltiples encuestas y estadísticas han probado que solamente una minoría (entre el 10 y el 15% del electorado) no sabe por quién votar al iniciar las campañas y difícilmente tomará una decisión o cambiará de parecer derivado de la información que haya podido recabar de las campañas. Será interesante comparar encuestas de intención de voto de estos días con los resultados del 1º de julio.

Cabe aclarar que a pesar del tamaño del presupuesto asignado a campañas y la clara evidencia sobre su inefectividad, esta cifra no es desproporcionada cuando comparamos a nuestro país con otros como Brasil, la India, o El Reino Unido.

Sin embargo, también recuerdo, más nunca supe en que acabo, que en aquellos días en los que todo era solidaridad y preocupación por los afectados de los sismos de Septiembre, en más de alguna columna o programa de radio se planteó la posibilidad de anular o drásticamente disminuir el presupuesto de las campañas en beneficio de los damnificados. Y basado en estos recuerdos me pregunto si quizás este monto de 45 mil millones de pesos hubiera sido más útil en obras que beneficiaran a damnificados y previnieran daños causados por este tipo de catástrofes naturales.

Entiendo que en estos días comenzaron en la Cámara de Diputados las discusiones sobre la Ley de Publicidad Oficial para los años venideros. Esta es la gran oportunidad para que nuestros representantes tomen conciencia sobre el uso que estos recursos podrían tener en otros rubros más urgentes y delicados para el bienestar de la población, en lugar del despilfarro publicitario que pocos beneficios nos brinda.

Antonio Aja

Columnista

Showbiz