Hace 15 días en este espacio, mostré que más allá del costo tradicional que se hace de la guerra establecida en México contra el crimen organizado en términos de vidas, falta de inversión, costo de armas o de desatención a otros aspectos de gobierno, había un costo no medible y que se evidenciaría a futuro: el rompimiento del tejido social que ocasiona la modificación de costumbres como visitar amigos, parientes o salir a divertirse, todo ello a la baja.

En los últimos días de abril, dominó la agenda la ley absurda y racista que se aprobó en el vecino estado de Arizona y que prácticamente, criminaliza la apariencia latina, centrada porqué no decirlo contra los mexicanos. Mucho ya hemos escuchado sobre esa ley, todos los calificativos se los merece y ya vimos reacciones populares y oficiales. Más allá del futuro de esta ley, me interesa ahora mostrar otro enfoque.

En mi opinión, ni la Gobernadora de Arizona, ni el congreso de ese estado, ni el senador John McCain, ni ninguno de los políticos estadounidenses son los villanos de esta historia, se merecen todos los calificativos y las ofensas de nuestra parte, pero no los podemos acusar de irracionales.

Actualmente en Arizona y en otros estados se encuentran a punto de vivir las campañas electorales y en esos momentos, los políticos tienden a adoptar posturas populares entre sus electores y resulta que esta ley, nefasta y extremadamente racista ¡es apoyada por la mayoría de los ciudadanos de Arizona! Sí, a 15 meses del momento en el que el mundo entero declaraba muerto el racismo en EUA con la llegada de Obama, encontramos el renacer de éste, ahora enfocado contra los mexicanos y no sólo en ese estado, sino en todo ese país según lo muestran las encuestas donde 51% aprueba la ley y sólo 39% la rechaza.

¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué pasó en los últimos 15 meses para que los ciudadanos de Estados Unidos pasaran de un estado de antirracismo a uno de prácticamente fascismo dirigido a nuestros paisanos? Creo que no podemos evitar pensar en la imagen de país violento, que se ha generado y que lo aceptó la Secretaria de Turismo ya varias veces, al decir que era necesario mejorar la percepción que se tiene de nuestro país; por ello, el sentimiento racista hacia México en Estados Unidos, es otro de los costos de la guerra contra el crimen organizado. Cuando nos mostremos como un país seguro para viajar, invertir y vivir, entonces, esa imagen positiva acompañará a nuestros compatriotas.

Hablando de discriminación

Ahora que nos desgarramos las vestiduras por la discriminación de los habitantes y las leyes en Arizona, conviene recordar algunos datos sobre cómo somos nosotros, sólo algunas perlas: cuatro de cada 10 mexicanos estaría de acuerdo con organizarse para evitar que un grupo de indígenas se estableciera cerca de nuestro hogar; 24% piensa que siente temor de acercarse a alguien con aspecto de indígena; 87% creemos que los indígenas tienen razón en sentirse discriminados. Y ahora, ¿con qué cara les llamamos racistas a los estadounidenses? Cuando estamos conmemorando 200 años del inicio de la Independencia, parece mentira que debamos de nuevo pensar en la situación de atraso y de discriminación en la que viven algunos grupos en México.