Uno de los productores de petróleo que más ha tratado de influir en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) es Venezuela.

Se ha cansado de insistir en que todos los socios del club recorten sus niveles de bombeo de crudo para frenar la caída de los precios. Al interior de ese cártel de productores no le hacen caso al llamado desesperado del gobierno de Nicolás Maduro.

Venezuela es un eslabón débil de esa cadena de productores y, de hecho, la OPEP ha perdido gran influencia en el mundo ante el surgimiento de productores independientes tan poderosos como Estados Unidos.

Pero hay dentro de esa agrupación un líder, que de hecho se mantiene como la gran potencia mundial en materia de reservas probadas de hidrocarburos y que se pelea el primer lugar de producción actual con Estados Unidos.

Arabia Saudita es una nación petrolizada porque nada en petróleo y durante los años 80 del siglo pasado marcó la suerte de Occidente abriendo y cerrando la llave a su gusto a los sedientos consumidores, sobre todo los estadounidenses.

De hecho, hace poco más de un año, sin esconderlo, los árabes decidieron dejar correr el petróleo en grandes cantidades por el mundo para provocar una baja en los precios del hidrocarburo.

Esta medida, que tiene tintes suicidas para un productor, tenía la clara intención de marginar a los nuevos petroleros estadounidenses, que a la vuelta de una década habían despegado desde una reforma energética interna hasta la producción muy notable de millones de barriles de shale oil.

Los árabes tenían muy claro que el proceso de fracking que usaban los nuevos petroleros estadounidenses es un proceso caro que eleva el costo de producción a niveles donde el precio mínimo para hacer negocios con este hidrocarburo necesitaba superar los 80 dólares.

Por lo tanto, el objetivo era quebrar a los estadounidenses con la baja de los precios por debajo de sus costos de producción. Todo iba muy bien hasta que se dieron cuenta que la elevación de Estados Unidos al nivel de autosuficiente y principal productor de energías era un asunto de seguridad nacional, por lo tanto el costo era un tema secundario.

Desde entonces a la fecha la economía del mundo se ha debilitado, en especial China, que es el principal consumidor de toda materia prima. Y, de paso, un acuerdo político agregó a Irán a la lista de las grandes ligas de los productores de petróleo.

Todo esto ha sido ya mucho para una nación tan poderosa en eso del petróleo como Arabia Saudita, al punto de que ahora sí ya sintió en carne propia los efectos de la medida que ellos mismos impulsaron.

La calificación crediticia que Standard and Poor’s asignada a la deuda soberana de Arabia Saudita fue recientemente degradada como consecuencia del aumento de sus déficits públicos, porque ganan menos pero gastan igual.

Es en este escenario que Arabia Saudita hizo saber que el reino está dispuesto a cooperar con otros países productores de su cártel y fuera de la OPEP para lograr la estabilidad de los precios del hidrocarburo.

Lo que sigue es conocer si el más influyente productor de ese club tiene posibilidades de hacer alguna diferencia en los precios, o si bien ya es tarde para pensar en una mejora en el corto plazo.