La desigualdad se ha convertido en tema de actualidad, aunque poco se haga para superarla. Desde hace más de 200 años se ha discutido en Europa y hay agudos análisis que la abordan.

El resultado concreto fue la creación en el siglo XIX de los partidos demócrata cristiano y social demócrata, que hicieron las bases fundacionales del Estado de Bienestar que ha tenido su desarrollo en los países nórdicos.

Ha sido un esfuerzo político y colectivo valioso, permitiendo combinar la economía de mercado con una eficaz política redistributiva. Los resultados están a la vista de todos.

Ahora se discute de nuevo el problema de la desigualdad en los países desarrollados. La razón de ello se encuentra en que ampliarla agudiza el estancamiento y la violencia social, misma que se ha generalizado y que fomenta las posiciones antisistema.

Dice la OCDE que la desigualdad tiene un impacto negativo y significativo en el crecimiento económico a mediano plazo . También reconoce que hay que fijarse en los segmentos de la población de ingresos medios que ofrecen potencialidad.

Esto significa que ahora se descubre que los ricos no son sólo los que pueden dinamizar a la economía mundial, caracterizada por un bajo crecimiento. No son los únicos responsables de la inversión productiva y redituable.

La salvación no es muy clara porque el problema es que las clases medias se han visto afectadas por las políticas contraccionistas, lo que significa que no pueden contribuir de manera importante al crecimiento.

La gallinita de los huevos de oro está débil. Los gobiernos han sido torpes en el diseño de las políticas económicas al privilegiar sólo a los grandes agregados macroeconómicos para favorecer la inversión, descuidando el bolsillo de la gente. Además, la economía se ha convertido en repelente al poder político y la representación popular no es confiable.

Hace seis años, cuando Obama era candidato a presidente, en su campaña criticó severamente la desigualdad de su país. Se esperaba que tuviera consecuencias en su programa de gobierno.

Incluso uno de sus simpatizantes, Warren Buffett, conocido por ser uno de los hombres más ricos del mundo, ironizó el régimen fiscal al señalar que relativamente su secretaria pagaba más impuestos que él. Las palabras de Obama y de Buffett no se convirtieron en políticas públicas.

La cuestión conduce a las políticas de redistribución del ingreso. La OCDE tiene sus arabescos. Dice: La redistribución no reduce el crecimiento económico, aunque desde luego eso no quiere decir que todas las políticas redistributivas sean igual de buenas para el crecimiento .

También señala lo siguiente: Concentrarse exclusivamente en el crecimiento y asumir que sus beneficios se filtrarán automáticamente a los diferentes segmentos de la población puede debilitar ese crecimiento a largo plazo en la medida que la desigualdad aumenta .

Con todo, las reformas económicas y las políticas redistributivas útiles son aquellas que van al meollo del crecimiento económico y la desigualdad. Generan eficiencia económica y equilibrio social.

Hay una información valiosa que ofrece la OCDE y que aclara muchas cosas. Se trata del número de veces que el ingreso medio de 10% más rico de los países miembros de esa institución supera el ingreso medio de 10% más pobre.

México ocupa la posición más alta y desigual de todos los países de la OCDE. Es de 30 veces, mientras que en Dinamarca -país social demócrata- es de cinco veces. En estos números se está reflejando la política económica y social.