Los aprendices de brujos tienen como defecto desatar fuerzas que después no pueden controlar. Así es Trump, que ignora a las instituciones que sostienen el interés nacional y el equilibrio de las relaciones mundiales en un contexto globalizado. También ignora que hay instancias multilaterales que definen la normatividad especifica en comercio, inversiones y finanzas.

Valery Giscard d’Estaing, expresidente de Francia, caracteriza el presente político así: “El gran cambio es que se pasó de una política fundada en la cultura a una política fundada en la comunicación (...) El presidente de Estados Unidos tuitea cada mañana, envía mensajes generalmente un poco contradictorios que siembran desorden”. La comunicación política pierde complejidad y análisis.

Con la guerra comercial iniciada por Trump olvidó la experiencia nefasta de su país, cuando en 1929-34 con nuevos aranceles se creía que se iba a salir de la Gran Depresión y lo que ocurrió fue lo contrario. Muchos economistas de alta calidad técnica recomendaron al presidente Hoover que suspendiera los nuevos aranceles porque iban a ser dañinos. No les hizo caso. Decenios después, ante una experiencia similar, Trump ni siquiera los escuchó.

Ahora se lamentan los efectos de la actual guerra comercial: reducción del PIB global, desaceleración económica en China y en EU recesión en zonas clave de la Unión Europea.

La expresión de Trump de que las guerras comerciales son “buenas y fáciles de ganar”, es totalmente absurda debido a que producen una cascada de efectos negativos.

Otro fracaso de Trump es el Ucraniagate que se ha convertido en un crisol de verdades y especulaciones sobre la solicitud de apoyo a un país para atacar a un rival político con vistas a las elecciones del 2020. Este hecho se considera una violación a la seguridad nacional. De ahí el juicio político actual contra el presidente.

En el Medio Oriente, Trump cometió otro grave error de efectos deplorables en vidas humanas, destrucción y desestabilización geopolítica al retirar las tropas de EU del norte de Siria, sin consultar al Congreso y al Senado. Tuvo oposición del Pentágono. Dejó abandonado a uno de sus aliados, los kurdos, que lucharon contra el estado Islámico y lo vencieron. Dio luz verde a la codicia de Erdogan para destruir a los kurdos. Éstos no tuvieron otra opción que aliarse con su enemigo Bashar al-Ásad que ahora se fortalece. Mientras tanto, hay 300,000 desplazados y fugas de cientos de presos del estado Islámico.

El Kurdistán sirio ocupa 50,000 kilómetros cuadrados, un tercio del territorio sirio. Se han constituido en una república democrática federalista que incluye territorios en Irán, Irak, Siria y Turquía. Está defendido en buena medida por mujeres armadas. Tienen gas, petróleo y una posición estratégica.

Del Kurdistán sale gran parte del petróleo que consume Israel.

Ahora la situación geopolítica favorece a Putin, que se ha constituido como el árbitro de esa zona debido a sus alianzas con los gobiernos de Irán, Siria y Turquía.

La expresión de Trump de “salir de ridículas guerras sin fin” es degradante.

Sobre los esfuerzos mundiales para enfrentar el problema del cambio climático, la posición de Trump es contradictoria, sobre todo porque EU, China e India representan una alta proporción de gases de efecto invernadero, uno de los causantes del Cambio Climático.

La evidencia científica es que estamos destruyendo el mundo. Trump lo ignora y no le importa. Es frecuente leer que autoriza todo aquello que es dañino para el medio ambiente. Lo suyo es el capitalismo salvaje, desregulado y ultraliberal.

Frente a sus vecinos del sur, la posición de Trump es de indiferencia. Sólo se le ocurre amenazar con aranceles si no se aprueban sus deseos.

Viendo a Trump, Johnson , Bolsonaro y otros, es evidente la dificultad de los países para encontrar una nueva generación de dirigentes.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.