Resulta conveniente encontrar un punto de convergencia entre las políticas gubernamentales y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Los sucesos recientes en la escena económica y política mundial sugieren que se vive en una suerte de contradicción entre el desarrollo científico y el político-económico. En el plano científico, el 5G es casi una realidad. Se trabaja para generar electricidad cero emisiones a base de gas natural y se está perfeccionando el desarrollo de reactores de fusión y fisión para hacer esta energía más segura. En la arena de la política-económica las cosas son muy distintas, con la imposición de barreras mercantiles cada vez mayores en diferentes latitudes.

El caso de México no escapa a esta dinámica. Por eso, resulta conveniente encontrar un punto de convergencia entre las políticas gubernamentales y el desarrollo de nuevas tecnologías. Recientemente, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) hizo un anuncio en el que se abre la posibilidad a que las plataformas digitales de transporte y entregas retengan el correspondiente ISR a sus usuarios. Estas empresas han tenido un auge vertiginoso en muchos lugares. Por ejemplo, en Ciudad de México existen más de 50,000 unidades del principal proveedor, lo que representa una tercera parte de los taxis disponibles. Pero, ¿por qué el anuncio del SAT es relevante?

Una de las principales limitantes del potencial económico mexicano es la baja recaudación fiscal que, a su vez, está aunada a la poca bancarización de la población. Con datos del Inegi al cierre del 2018, se encontró que más de 50% de las personas económicamente activas laboran en la informalidad, lo que quiere decir que un poco más de la mitad de los trabajadores no declaran sus ingresos ante Hacienda.

El comunicado es importante porque se estaría ante una industria en la que el ciclo fiscal podría cerrarse de principio a fin. Primero, al momento de la compra de las unidades se contribuye con el Impuesto al Valor Agregado; ya en la operación el chofer debe contar con una cuenta bancaria; el viajero puede solicitar la emisión automática de facturas, y, con la nueva disposición, se retendría la parte correspondiente del ISR a los conductores. Es previsible que los choferes ahora busquen que cada uno de los servicios y refacciones que consuman cuente con un comprobante fiscal, y lo mismo pasaría con el pago de combustible, lo que generaría que este efecto se extienda a otros mercados.

No se debe olvidar que el elemento que facilita este fenómeno es la constante innovación y mejoras que las apps reciben periódicamente. El cobro del ISR se puede realizar porque existe un registro indeleble en los sistemas de estas empresas. También se podría implementar este modelo en otras industrias con el objetivo de reducir la informalidad y aumentar la bancarización. En México, se estima que alrededor de 40% de establecimientos de alimentos y bebidas en el país son informales y generan ingresos por 100,000 millones de pesos.

Una plataforma que integrara la cadena de valor de estos negocios y registrara las transacciones en sus servidores podría emular el efecto observado con las plataformas de transporte. Los incentivos para que un mayor número de prestadores de servicios se integren en esta cadena deberían de provenir de la posibilidad de tener mayor facturación. En la industria restaurantera, el uso de teléfonos móviles para entregas a domicilio es extenso. Sin embargo, habrá que esperar la creación de otras aplicaciones que, por ejemplo, también permitan reservar y ordenar por adelantado.

La expectativa de los desarrollos futuros es grande, dada la manera en que las aplicaciones móviles han cambiado los hábitos de consumo en muy poco tiempo. La cuestión es cómo los entes gubernamentales podrán aprovechar los desarrollos tecnológicos para aumentar la recaudación. El acuerdo anunciado parece un buen inicio.

El autor es VP I&CS Asset Management BBVA.

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