En la parte externa, este país podría reforzar su blindaje y aumentaría la confianza de los inversionistas.

El gobierno que está iniciando goza de este tiempo precioso del inicio de una administración, cuando hay una ciudadanía y unos mercados deseosos de creer en los proyectos prometidos.

No se han cometido errores, no existen cifras negativas del comportamiento gubernamental, hay un impulso democrático impulsado también por tantos años de parálisis nacional y hay un eterno grupo de opositores radicales que ya hartaron a una gran mayoría de los agentes económicos, incluso los actores políticos.

Si se ve una fractura interna en el Partido de la Revolución Democrática, no es porque algunos mueran de ganas de apoyar al priísta: es porque ya se dieron cuenta de que la sociedad está cansada de la oposición a ultranza y pide a gritos una verdadera opción de izquierda en México. Eso lo tiene que aprovechar el gobierno federal.

Los especialistas que consulta cada mes el Banco de México tienen un pronóstico de desaceleración económica para el 2013, pero, al mismo tiempo, aumentan sus índices de confianza.

Tienen la desconfianza en que les ha dejado décadas enteras de parálisis legislativa, pero creen cada vez más en la posibilidad de cambios estructurales.

Esa es la buena fortuna que debe aprovechar Enrique Peña Nieto para aterrizar cuanto antes los cimientos de su administración que muestren efectos inmediatos y que, al mismo tiempo, permitan el desarrollo de planes futuros más ambiciosos.

Está claro que buena parte del proyecto de gobierno del nuevo Presidente pasa por los terrenos del Congreso. Lo que ha adelantado hasta ahora, como acciones de gobierno, incluye cambios constitucionales en diferentes ámbitos.

Más allá de los efectos políticos internos de que se logren acuerdos legislativos, en la parte externa este país, podría reforzar su blindaje y aumentaría la confianza de los inversionistas.

No es poca cosa porque allá afuera en el mundo las cosas se ven complicadas para el próximo año.

En la parte económica, Europa está en recesión y se espera que se quede en esos terrenos buena parte del próximo año. Con los riesgos financieros que prevalecen en economías como la griega, española, italiana, portuguesa y hasta francesa.

En Estados Unidos -aunque poco probable-, a principios del próximo mes, entraría en vigor un paquete automático de ajuste que llevaría la economía de ese país de vuelta a la recesión.

Eso sí, cuando se levantara de esa nueva condición de resultados económicos negativos, lo haría con finanzas sanas. Lo malo de los tratamientos de choque es que el paciente puede sufrir daños permanentes durante los electrochoques.

Esos desequilibrios externos son como un disparo cercano a una parvada quieta de golondrinas que no dudan salir volando a refugiarse ante el estruendo.

Esa fortaleza interna que hoy luce el gobierno entrante tiene que ser utilizada como un dique de contención en contra de lo que pudiera pasar más allá de nuestras puertas.

La primera piedra

Alguien le echó a perder la fiesta de retiro a Marcelo Ebrard con al menos dos temas: la huelga en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, pensada para no tener solución, y las manifestaciones violentas del 1 de diciembre. Ambos, con un posible origen común.

Por supuesto, fueron acciones concertadas para arrojar esquilas hacia muchas direcciones. Ese impacto frontal a Ebrard, el echar a perder la fiesta de inauguración del presidente Peña y, de paso, una muestra de poder al gobierno de la ciudad de México que hoy inicia.

Miguel Ángel Mancera es un hombre que ha despertado grandes expectativas, no sólo para los simpatizantes de los partidos que lo postularon, sino para los ciudadanos que no comulgan con esos o con cualquier otro partido.

Es un líder preparado y políticamente muy hábil que puede hacer un papel extraordinario al frente del Gobierno del Distrito Federal (GDF). Pero eso dependerá de su capacidad para desembarazarse de los grupos más retrógradas de la ciudad.

Ahí está, por ejemplo la dupla Andrés López-René Bejarano presionando para que Mancera les otorgue posiciones de gobierno. Ya dominan muchas delegaciones, tienen ya controles en la Asamblea Legislativa y ahora quieren el poder del GDF.

Se suponía que Mancera habría de anunciar ayer su gabinete, tarea que dejó para hoy. Con esto dejó en claro que siguen las presiones para la inclusión de personajes de esos grupos de presión.

Lo que sigue es una pregunta nada inocente: ¿No será que los actos de violencia provocados en la ciudad fueron una probadita de lo que algunos pueden hacer si no consiguen lo que quieren durante el gobierno de la ciudad que hoy inicia?

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