No podemos esperar nada de quienes sólo saben mentir. Por eso tenemos que asumir nuestra propia responsabilidad.

¿En qué creer?, ¿a quién creerle?, ¿creer o no creer? Ése es el verdadero dilema. Vivimos en medio de una novela ensombrecida por la mentira que probablemente superaría cualquier expectativa de William Shakespeare.

Estamos inundados, bombardeados y expuestos a todo tipo de mentiras, cifras, datos, análisis, comentarios y opiniones alrededor de la pandemia. Existe cualquier cantidad de versiones, mitos y leyendas que van desde el origen del virus hasta la maldad que supuestamente rodea la creación de las próximas vacunas y sus efectos para lograr el control poblacional o la muerte de millones. Que si el virus fue creado en un laboratorio en China o que si se generó en algún animal y de ahí pasó a los seres humanos. La realidad ya supera cualquier tipo de ficción.

Muchas son las teorías de conspiración alrededor del Covid-19. ¿Quién está realmente detrás de todo esto? Versiones apuntan a personajes conocidos y otras sugieren que los hilos los mueven personas, cuya identidad desconocemos completamente. ¿Cuáles son los intereses detrás de todo esto? ¿Es verdad que en el fondo está la lucha incesante entre Estados Unidos y China por mantener o reconfigurar el dominio mundial? ¿Será que por eso la OMS juega a favor o en contra de alguien más allá de cumplir su misión a favor de la salud global?

Resulta muy difícil saber cuál es la verdadera intención detrás de todo esto. De ahí que existan todo tipo de respuestas, escepticismo y hasta resistencia de quienes se niegan a creer en el propio virus y sus efectos. Si todo esto no fuera suficiente, México sufre el peor momento con el peor gobierno del que jamás se tenga registro.

La realidad del país es dramática cuando desde la cima del poder se engaña, se miente y se manipula sin ningún escrúpulo, todas las mañanas, todos los días, todas las tardes; con otros datos, para generar más miendo y más confusión entre quienes ya de por sí tienen poca y mala información. Estamos en un punto en el que nada de lo que diga el gobierno es creíble. Nos han dado toda la evidencia para no creer y retirarles todo el beneficio de la duda.

¿Qué hacer entonces? No podemos esperar nada bueno de quienes sólo saben mentir. Por eso tenemos que asumir nuestra propia responsabilidad. Lo primero que propongo es aplanar la curva de la mentira. Porque la mentira envenena y mata, porque son millones los que, dejándose llevar por algo que nada tiene que ver con la realidad, son vulnerables a tomar decisiones equivocadas que acaben con su vida, su patrimonio y de quienes los rodean.

En estas condiciones resulta difícil saber en qué momento podremos salir y bajo qué riesgo, pues un día el gobierno dice que estamos llegando o por llegar al pico y otro día dicen que ya se está aplanando la curva o que ya se aplanó. Nunca sabremos en realidad cuántos infectados hubo o hay por la falta de pruebas ni cuántas muertes se le podrán atribuir realmente al Covid-19. Todas sus cifras son contradictorias, engañosas.

La única manera de aplanar la curva de la mentira es con el escudo de la verdad y ésta sólo la econtramos en Dios. Nuestra fragilidad humana siempre nos hará vulnerables al engaño y a la manipulación, pero en Dios tenemos la inspiración y la fuerza para ver y discernir. Es hora de pedirle sabiduría para lograrlo, para tener la capacidad de tomar decisiones acertadas que nos salven del virus y de la mentira.

Por un momento, valdrá la pena alejarnos de la carga emocional que acompaña a tantas teorías y mentiras para escuchar la respuesta dentro de nosotros. Nuestra mayor aportación es no hablar por hablar ni difundir información falsa o de fuentes sin verificar. Podemos y debemos aplanar la curva de la mentira y la desinformación. Está en ti y en mí, está en nosotros lograrlo.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.