El 19 de marzo del 2019 el reloj del Reino Unido será retrasado 46 años; la nación volverá a 1973, segundos antes de ingresar a la entonces Comunidad Económica Europea.

Theresa May tuvo que revelar día, fecha y hora (las 11 de la noche hora de Bruselas) del Brexit para tratar de contener la crisis que le rodea. Las últimas dos semanas podrían ser la antesala de su salida del gobierno:

Dos eventos inesperados en el círculo de su gabinete precipitan la pérdida de confianza a la que apelan 40 diputados de su partido: las renuncias de sus ministros de Defensa y Desarrollo, Michael Fallon y Priti Patel, respectivamente. El primero fue empujado por una revelación de acoso sexual mientras que la segunda tuvo que hacerlo por haber mantenido en silencio una reunión con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Un tercer personaje cercano a May es investigado por la Scotland Yard. Se trata de Damian Green, su jefe de Gabinete, a quien descubrieron material pornográfico en su computadora de oficina, y también “ha sido acusado de tomar libertades inapropiadas con algunas mujeres en el marco del escándalo de los acosos sexuales” (The Guardian, lunes 13 de noviembre).

El Brexit no sólo es un referéndum y una ruta crítica administrativa. Desde junio del 2016 tomó forma de bomba política que destruyó la carrera de David Cameron y ahora lo está haciendo con Theresa May. La que fuera ministra del Interior de Cameron cometió un grave error al llegar al número 10 de Downing Street: eligió a un equipo con diferente camiseta.

May conformó a su equipo como si no hubiera Brexit; un juego electoral entre laboristas y tories. Y no, no fue así. En realidad, se reconfiguró la escena política entre brexiteros y antibrexiteros. No todos los tories votaron sí en el referéndum ni tampoco los laboristas votaron en bloque. Simplemente hay que recordar la campaña con boca chiquita en contra del Brexit que hizo en su momento Jeremy Corbyn.

Pensemos en tres nombres: Boris Johnson, Michael Gove y Phillip Hammond. Tres miembros del gabinete de May. Johnson y Gove enviaron una carta a May para presionarla sobre la negociación del Brexit. Quieren un escenario duro que consiste en echar abajo el mercado común y la libre circulación. Hammond, quien es ministro de Economía, y como tal, conoce los elevados costos social y económico del Brexit, pide a May un soft Brexit. Una salida sin tocar al mercado único ni a la libre circulación.

La tensión no la produce el jaloneo entre laboristas y tories; la crisis la provoca la guerra civil entre tories en contra de tories. Es probable que más de uno de los 40 diputados conservadores que a través de una carta retiraron su confianza a May, apoyen a los laboristas para en su intento de regreso al gobierno.

Los rebeldes le han dicho a May que es “tímida y sorda” (The Telegraph, 13 de noviembre) en la negociación del Brexit.

John Kerr, el personaje que redactó el demonizado artículo 50 del Tratado de Lisboa, con el que todo miembro de la Unión Europea puede solicitar su salida, también corrige a May al decir que el Brexit puede ser evitado. “Que no engañe”, dijo lord Kerr.

Por lo pronto, la Unión Europea le ha dado dos semanas a May para que le ponga número al cheque de la deuda: no menos de 60 ,000 millones de euros. En caso de que no esté listo antes del Consejo de Europa (15 de diciembre), May podría salir del número 10 de Downing Street.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.