“Creo que la crisis más grande en la mayor parte del mundo, de la que no hablamos, es la crisis silenciosa de la jubilación”.

Larry Fink, CEO de Blackrock.

 

La pobreza en la vejez es uno de los males sociales denigrante para la persona y peligrosa para la sociedad. De seguir los patrones económicos, políticos y sociales que hasta hoy se observan, esta condición afectará cada vez a más gente. La seguridad social como funciona en la actualidad únicamente cubrirá las necesidades de un reducido sector de la población mundial. La mayoría de las personas no gozarán de una pensión formal en su vejez.

Al menos tres factores contribuyen al advenimiento de una futura crisis de pobreza en la vejez: un aspecto político, un aspecto financiero y un aspecto social. En este contexto es bienvenida, en principio, la reforma al sistema de pensiones en México. Sin embargo, deja varios problemas sin resolver:

Históricamente es muy bajo el porcentaje de ahorro de trabajadores que cuentan con ahorro obligatorio para el retiro, apenas 6.5%. A esto se suma la falta de modernización de la seguridad social, que no siempre permite conservar el ahorro a través de diferentes etapas laborales y que distingue radicalmente entre trabajadores “formales” e “informales”, con un sector “informal” mayoritario (56.4%)

“Informales” para efectos del ahorro no son sólo vendedores ambulantes. Cualquier profesionista de la “Gig economy” (choferes de Uber, por ejemplo) y muchas otras actividades que demandan una alta preparación como diseño digital, periodismo freelance, creación artística de todo tipo, enseñanza de idiomas fuera de sistemas escolarizados, “coaches” de todo tipo; y por supuesto trabajadoras y trabajadores domésticos. Todas estas personas carecen de un sistema de ahorro para el retiro barato, flexible, robusto y automático.

Conscientes de esta problemática, liderazgos empresariales y representantes sindicales desarrollaron una propuesta de ley que fue presentada al Ejecutivo federal a finales de 2019. Después de un año de negociaciones, se aprobó una nueva ley, que se publicó en el DOF. el 15 de diciembre pasado.

Las medidas concretas más importantes de esta propuesta son:

  • Iniciar un aumento paulatino de las aportaciones obligatorias, para pasar de 6.5% actual a 15% en un plazo de 8 años. Este aumento será aportado por el sector patronal. Será paulatino para no restar viabilidad a la operación empresarial “formal”.
  • Disminuir las semanas obligatorias de cotización a 750. Actualmente es obligatorio cotizar al menos 1,250 semanas. Con una cotización obligatoria de 1,250 semanas sólo 23% de la población que llegue a edad de jubilación con un empleo formal, alcanzará una pensión; en cambio, con 750 semanas el porcentaje aumentaría drásticamente a más de 75%. La nueva ley incorporó este cambio, aunque el requisito de semanas de cotización irá aumentando en 25 cada año, hasta llegar en 2031 a 1,000 semanas, equivalentes a poco más de 19 años de trabajo.
  • Establecer el ahorro obligatorio para todos los trabajadores independientes. Sector que incluye a los que consideramos “informales” y que comprende a la mayoría de las personas laborando actualmente. Todas estas personas tendrían una garantía de cierto porcentaje mínimo de pensión al momento de su retiro. Este punto se omitió por completo en la nueva ley, ignorando que hoy ya existen los mecanismos de recaudación y ahorro para la gran mayoría de estos trabajadores: una persona que emite un recibo de honorarios podría desglosar en el mismo recibo su cuota de seguridad social (cobrarla como parte de sus honorarios) Y las mismas estructuras usadas para la retención de ISR, pueden ser utilizadas para mandar dichas cuotas al Sistema de Ahorro para el Retiro. Es posible desde el punto de vista de infraestructura y sistemas.
  • Promover esquemas de ahorro voluntario en las empresas. Esquemas que complementen (pero no sustituyan) al ahorro obligatorio. Sistemas de “opt in”, en los que el colaborador elige entrar al plan de ahorro voluntario; y sistemas automáticos de “opt out” en los que la trabajadora participa en el programa de ahorro voluntario de manera automática, a menos que decida salirse del programa. Tal medida también fue omitida en la propuesta del Ejecutivo. Se trata de una omisión grave, pues incluso un ahorro ideal de 15% en las 1,000 semanas, es insuficiente para evitar la pobreza en la vejez, cuando el ingreso promedio no fue alto, como sucede en la mayoría de los casos.
  • Promover esquemas de pensiones con una visión de equidad de género: En las pensiones las mujeres están en una situación poco favorable. Muchas son trabajadoras independientes y muchas también realizan trabajo no remunerado, como el trabajo doméstico. No se trata de “privilegiar” a las mujeres sino de definir mecanismos que atienden a las inequidades e injusticias en nuestra economía y nuestra sociedad. Este punto fue también omitido en la nueva ley.
  • Por último, los legisladores decidieron establecer un tope a las comisiones que cobran las afores, equivalente al resultado del promedio de los cobros en los sistemas de pensiones de EU, Colombia y Chile. Adicionalmente, se dispuso que en la medida en que disminuyan las comisiones en esos países, se aplicarán esos recortes en México, pero no en caso de que se eleven. Esta medida puede tener el efecto indeseable de que desaparezcan las afores que concentren las cuentas con menores cantidades ahorradas, y sean absorbidas por aquellas que tienen cuentas de mayor cuantía. Veremos qué pasa.

No todo es negativo en la situación de México:

Contamos con un sistema de Afores obligatorio, robusto y relativamente flexible; que además es barato, competitivo (comparado con esquemas internacionales) y confiable respecto a los criterios de inversión y el manejo del capital. Al analizar el precio del sistema de Afores no sólo debe contemplarse el costo de su administración (0.92% de activos bajo administración) sino sobre todo el resultado, 11.3% de rendimiento promedio los últimos 23 años. No hay ningún otro producto de ahorro para el mexicano promedio con este rendimiento neto de comisiones y que sea accesible desde un teléfono inteligente y otros dispositivos digitales.

El sistema de Afores tiene hoy 67 millones de cuentas individuales. Existen además productos que permiten a los cuentahabientes realizar aportaciones voluntarias para su retiro de manera automática, recurrente, sencilla y de bajo costo.

En el ahorro, como en otros aspectos del sistema financiero mexicano, nuestra larga y dolorosa historia de crisis y descalabros nos ha vuelto precavidos: Nuestro ahorro en las Afores asciende a cerca de 70,000 pesos por cuentahabiente y es el más alto en la historia de México incluso descontando la inflación. Parece poco 70,000 pesos por cuentahabiente, pero antes no teníamos nada.

Nuestro sistema de Afores es también un pilar de las finanzas públicas con 4.5 millones de millones de pesos invertidos de una u otra forma en el sector público: 52% de este dinero ya está siendo utilizado por el Gobierno a través de distintos sistemas de deuda. La industria es apoyada por el mismo sistema de crédito: 25% de este dinero está invertido en bonos corporativos (sector privado) y el 23% restante en capitales y productos estructurados en México y el mundo apoyando a empresarios desde una profundidad de capital que México no había tenido en toda su historia. Basta revisar las emisiones de bonos de los últimos 10 años. Incluso contamos ya con dos bolsas de valores (BMV y BIVA)

Este año se jubilará la primera generación de trabajadoras y trabajadores del sistema de Afores. Tendremos la oportunidad de medir y estudiar las fortalezas y deficiencias de este sistema. El mal manejo de las pensiones públicas y privadas es injusto y con un potencial de conflicto social imponderable (piénsese en el caso chileno).

Estamos a tiempo de preocuparnos por nuestro ahorro para el retiro, primero a nivel personal y familiar; pero también a nivel institucional y nacional. Estamos a tiempo de llegar antes que la pobreza.

*Jorge López, actuario, experto en pensiones, es socio fundador de Vitalis y Millas para el retiro. Miembro del Comité de Supervisión de la Consar.

Fernando Galindo es doctor en Filosofía por la Universidad de Konstanz, Alemania. Es profesor titular de gobierno corporativo y ética en las escuelas de negocios EGADE (ITESM) y CADEN (Anáhuac México).