América Latina no es la región más pobre pero sí es la más empobrecida, escuché alguna vez. Cuánta razón en esta afirmación. Una región tan rica y diversa, sumergida una y otra vez por gobiernos populistas que nunca han sido completamente derrotados ni erradicados.

Los niveles de pobreza que han crecido a causa de malas decisiones y malas políticas, hoy acelerados por la pandemia, son la condición ideal para que los políticos perversos de izquierda, partidarios del castro-chavismo y amigos de guerrilleros y criminales, busquen acceder al poder o volver al él por la vía democrática o de la violencia. 

Oportunistas y mentirosos, prometen soluciones fáciles que jamás cumplen, aprovechándose de la vulnerabilidad y desesperación de aquellos a quienes se han empeñado en hundir. No obstante, su narrativa de lucha entre clases sociales agrava la polarización ya de por sí tan alarmante.

Por momentos, algunos países en América Latina parecen abrazar una realidad más sensata optando por opciones que apuestan por la Libertad como el mejor mecanismo y mejor camino para generar desarrollo y construir prosperidad. Estos pequeños avances suelen esfumarse conforme el péndulo se mueve de un extremo a otro porque el Foro de Sao Paulo, convertido en el Grupo de Puebla, no descansa para permanecer o volver al poder y seguir avanzando su agenda destructiva. 

Lo peor es que su fuerza crece y su poder se consolida conforme grandes potencias se vuleven sus aliados para avanzar sus intereses geopolíticos. Por eso hoy, muchos países son campos de batalla donde no sólo se juegan su futuro inmediato sino el futuro de las grandes potencias que buscan dominar el mundo a través de nuevas apuestas geopolíticas y geoestratégicas.

Hoy son dos los países que generan mayor entusiasmo porque están gobernados por dos líderes sensatos que entienden y defienden la Libertad: Uruguay con Luis Lacalle Pou y Ecuador con Guillermo Lasso. Colombia aún lucha por no caer en el dominio castro-chavista bajo el liderazgo del Presidente Iván Duque y gracias a la fuerza del uribismo que sigue siendo el muro de contención para evitar la avanzada del socialismo en este gran país.

Venezuela, Nicaragua y Bolivia siguen bajo el dominio perverso de tres discípulos de Castro y Chávez. Argentina con su vuelta al kirchnerismo, está hundida en manos de Alberto y Cristina. Chile está en una encrucijada muy peligrosa pues a pesar de ser el país que durante décadas ha tenido el mejor desempeño en los índices de libertad económica, hoy está amenazado por una izquierda que busca cambiar la Constitución para enterrar todo lo bueno que se ha hecho. El Salvador, apoyado por China, aún genera enorme preocupación por las señales autoritarias que ha dejado ver el presidente Bukele. 

En Chile y Colombia la izquierda ha querido tomarse el poder a la mala y aún no lo logran completamente. Ojalá ambos países se salven de esta avanzada castro-chavista. Perú, otro país que ha tenido un desarrollo importante en los útimos años, parece quedar en manos de Pedro Castillo, otro aliado del eje bolivariano con ideas muy peligrosas. El hecho de que el Jurado Nacional de Elecciones esté coptado por la izquierda, hace muy difícil que proceda la petición de Keiko Fujimori de revisar las irregularidades en el proceso electoral.

Y México, considerado hermano mayor en América Latina, luchando a diario para evitar que el gobierno populista consolide un poder autocrático. Por estas y muchas razones más, el panorama en la región no es muy alentador. Mientras no se logre extirpar el tumor del castro-chavismo en Cuba y Venezuela, América Latina estará en riesgo permanente. Es hora de tomarnos muy en serio la batalla por la libertad pues nuestro futuro depende de ganarla. Hay mucho que decir y proponer al respecto, pero sobre todo, mucho más por hacer.

*El autor es presidente Fundador del Instituto de Pensamiento Estratégico Ágora A.C. (IPEA). Primer Think Tank de jóvenes mexicanos y de Un millón de jóvenes por México.

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