Las instituciones de Occidente que fueron creadas para resolver los problemas globales, como la OTAN, la economía de mercado, el Estado social, la democracia de partidos y la soberanía nacional, han perdido fuerza. Sus fundamentos se han erosionado.

¿Qué es la OTAN sin su anticomunismo y sin poner en orden a países en guerra? ¿Qué es la economía del crecimiento, apuesta mayor de la sociedad de consumo, sin la solución del alarmante cambio climático? ¿Qué es la democracia de partidos sin los consensos morales y sociales que han marginado? ¿Cómo se explica que no se haya resuelto la actual migración desesperada de la población árabe que huye de las guerras? ¿Qué es el Estado nacional ante normatividades y dependencias de organizaciones supranacionales?

Las anteriores preguntas sintetizan, de manera breve, la ambivalencia y vacíos que hacen que las sociedades sean desconfiadas.

Sin embargo, lo importante es no sufrir regresiones sino hacer reformas. Pero también surge como necesidad el liderazgo de países que son potencias mundiales y que pueden motivar cambios en favor de un mejor orden internacional.

La prudencia del presidente Barack Obama en el Medio Oriente y en Ucrania demostró que los países de Occidente estaban acostumbrados a que Estados Unidos les resolviera sus problemas. Ante la distancia norteamericana se acumularon las torpezas. Ello alertó que el liderazgo de Estados Unidos ahora es más importante para equilibrar las relaciones internacionales de poder. Significa también que el próximo presidente tendrá como retos los problemas internos, como es el desempleo, afectado por la tecnología de la Cuarta Revolución Industrial. También definir una política para las relaciones internacionales y contribuir a la normatividad de los organismos supranacionales.

La lucha contra el ISIS es una prioridad para obtener paz en el Medio Oriente. Pero para ello, se necesita que la coalición dirigida por Estados Unidos sea efectiva, privilegiando las negociaciones, como lo hizo con la alianza de países con Irán para acuerdos nucleares. Lo mismo se necesita con los involucrados en Siria. Urge para detener las migraciones masivas hacia Europa.

Si bien la problemática del Medio Oriente debe resolverla esencialmente los actores regionales, porque la intervención externa ha sido contraproducente, los países de Occidente tienen una responsabilidad al haber sido los proveedores de armamento que los dictadores han utilizado.

China es otro protagonista fundamental en el escenario global. De ahí la necesidad de la colaboración con Estados Unidos para sumar en vez de restar. De no lograrse acuerdos geopolíticos entre ambos países y con Rusia, que esencialmente quiere respeto, el mundo volverá a dividirse en bloques y potenciales carreras armamentistas.

En donde se advierte un proceso recurrente de deterioro es en la Unión Europea, que con cada crisis sufre una parálisis. Primero fue la deuda griega y ahora los refugiados. La Unión Europea se caracteriza en este momento por disfuncionalidades al no federalizar su política exterior, la de inmigración y la de energía, entre otras.

Algunas iniciativas insuflan optimismo aunque son ambivalentes: el acuerdo de París sobre el clima; la baja del precio del petróleo para los países importadores; la entrada de Irán a la geopolítica del Medio Oriente, pasando de ser una teocracia policéfala a un núcleo de poder pragmático; las posibilidades de cambio en Argentina, Venezuela y Cuba, así como un mejor entendimiento entre India y Pakistán.