Luego de un cuarto de siglo, la democracia mexicana no genera los resultados que nos fueron prometidos: no hay empleo, desarrollo, igualdad, ni nuestro voto cuenta como quisiéramos. Nos vendieron el paraíso y nos trajeron al infierno mexicano, donde la inseguridad, la contaminación y la desnutrición cabalgan sin restricciones.

Anualmente, se gastan miles de millones de pesos en profesionalizar a los funcionarios electorales y en mantener a las burocracias partidistas, ya sea con las millonarias prerrogativas que se entregan en monetario o a través de los spots financiados con dinero público, donde don Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya se promocionan rayando en la ilegalidad como los falsos profetas que ¡ahora sí nos sacarán del atolladero!, y qué decir de los spots de los turquesas, sólo superados por los programas de espectáculos.

En el desencanto de la democracia mexicana surgen voces que apuntan a una renovación de las reglas para hacer política en México.

En primer lugar, es necesario gastar menos en las elecciones, quitar el financiamiento permanente a los partidos, no es deseable que los recursos públicos se inviertan en mantener a las burocracias partidistas, cascarones vacíos y ejemplos mundiales de malas prácticas políticas y corrupción, cuyos trucos van más allá de las capacidades fiscalizadoras del Dr. Córdova y su equipo.

En segundo lugar, habría que modernizar la forma de votación en México; sería deseable avanzar en mecanismos de votación electrónica que permitan al ciudadano votar desde su casa, a través de un mecanismo de seguridad electrónica, PIN, clave o firma electrónica; seguimos votando como hace un siglo, con miles de mesas receptoras de votos, operadas por un ejército de ciudadanos que requieren capacitación itinerante.

Tercero, debemos quitar la credencial de elector como el mecanismo idóneo para identificarnos; es un carga innecesaria y costosa para la institución electoral. Anualmente dedica 3,000 millones de pesos en credencializar. Que el INE se dedique para lo que fue hecho, que es organizar elecciones y generar las mejores condiciones de equidad en la competencia.

Para nutrir y modernizar la democracia mexicana debemos partir de un esquema que confíe más en los ciudadanos que en la excesiva regulación del voto; al final malas prácticas de los partidos y ciudadanos dispuestos a canjear sus apoyos siempre habrá.

Twitter: @ErosalesA