La alianza entre PAN, PRI y PRD para las elecciones federales de 2021 se concretó finalmente. El Consejo Político del PAN aprobó postular candidatos comunes con los otros dos partidos en al menos 158 de los 300 distritos electorales. Dio a conocer que, como parte del acuerdo, el PAN encabezará 61, el PRI 53 y el PRD 44.

La alianza opositora es la respuesta al bloque obradorista, previamente anunciado por Mario Delgado, dirigente nacional de Morena, que estaría integrado por el partido del presidente López Obrador y sus actuales aliados en el Congreso: PT y PVEM.

El bloque obradorista busca mantener una mayoría en la Cámara de Diputados que respalde incondicionalmente al presidente AMLO. Representa una oferta de continuidad con el actual esquema de concentración de poder en manos del titular del ejecutivo federal, con el fin de profundizar lo que denominan la Cuarta Transformación.

Por su parte, la alianza opositora se plantea ganar la mayoría en la Cámara Baja a fin de activar contrapesos que detengan y reviertan la reconcentración del poder en el presidente de la República. Su oferta consiste en reestablecer equilibrios constitucionales diseñados para prevenir el abuso del poder presidencial y proteger la independencia de la Judicatura y de los órganos autónomos.

El anuncio de la alianza opositora causó reacciones inmediatamente. El propio presidente López Obrador la criticó en sus “mañaneras” como una confirmación de la existencia de la “mafia en el poder”. Morena sacó un spot en sus tiempos de radio y televisión para atacar al “tumor maligno llamado PRIAN”.

Entre los analistas políticos prevalece el escepticismo respecto a la alianza opositora. PRI y PAN nunca antes habían formado una coalición electoral. Existen dudas respecto a cómo reaccionarán los simpatizantes de ambos partidos al ver a los adversarios históricos hacer campaña juntos.

Sin embargo, la alianza entre PAN, PRI y PRD en las elecciones de 2021 para renovar la Cámara de Diputados tiene mucho sentido. Quizás eso explica la reacción violenta de la Cuarta Transformación. De acuerdo con los datos del 2018, el nuevo bloque obradorista, integrado por Morena, PT y PVEM, arrasaría a una oposición dividida. Ganaría 261 de los 300 distritos electorales.

Sin embargo, una coalición PAN, PRI y PRD le quitaría al bloque obradorista 75 distritos adicionales, según los resultados del 2018. De entrada, la oposición crecería de 39 a 114 distritos electorales, lo cual la pone a una distancia razonable de la mayoría.

Desde luego, las elecciones del próximo año serán diferentes a las de 2018. Pero un análisis de la elección pasada permite identificar 47 distritos donde un incremento pequeño de la votación a favor de la alianza opositora (menor al 10%) podría voltear el resultado a su favor. En estos distritos swing se estaría definiendo el equilibrio de poderes que prevalecerá en la Cámara de Diputados durante la segunda mitad del sexenio.

El éxito de la alianza opositora dependerá, por un lado, de una adecuada selección de los distritos en los que postulen candidatos comunes. Idealmente, PRI, PAN y PRD deberían coaligarse donde la unión de sus fuerzas maximiza la probabilidad de darle la vuelta a la elección. Construir una alianza de esta naturaleza implica un delicado trabajo político para superar resistencias en el ámbito local.

Al final del día, sin embargo, el factor más importante será aceptación del electorado. Aquí reside la principal fuente de incertidumbre de este proyecto político. Ciertamente, la alianza opositora es una apuesta. Pero, a juzgar por lo ocurrido en la pasada elección, PAN, PRI y PRD tienen a su favor una probabilidad razonable de éxito.

Twitter: @BenitoNacif

Benito Nacif

Profesor

Voto particular

El Dr. Benito Nacif es profesor de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Fue Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE) del 2014 al 2020 y del Instituto Federal Electoral (IFE) del 2008 al 2014.

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