El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene mucho poder... pero quiere más.

Desde el inicio de este gobierno se perdió todo pudor en la relación del Poder Ejecutivo con el Poder Legislativo. Lo que ordena el presidente es inmediatamente atendido por diputados y senadores que renunciaron a su papel de ser contrapesos del poder y se han convertido en la oficina presidencial de trámites legislativos.

No consiguió el presidente la mayoría absoluta en la Cámara de Senadores, por lo que se le ha dificultado hacer modificaciones constitucionales, aunque sí que ha aplicado las medidas de, digamos, convencimiento para que muchos opositores, en especial del PRI, apoyen algunas de sus propuestas.

Pero la Cámara de Diputados es una vergüenza para un país democrático. Todos los diputados de Morena sin excepción, y los diputados de otros partidos que se le aglutinan, no tienen ningún empacho en mostrarse obedientes ante cualquier orden presidencial.

Han entregado capítulos bochornosos que hacen ver a los legisladores como servidores del Poder Ejecutivo.

Y ahora, como para ahorrarse la molestia de perder el tiempo en el Congreso, van a quitar a los obsequiosos legisladores del camino para que López Obrador pueda hacer lo que él quiera con el presupuesto. Para hacer del Presupuesto de Egresos de cada año letra muerta.

A partir de la modificación legislativa que se apresuran a hacer los legisladores de Morena y partidos satélite que le acompañan a la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, el presidente podrá hacer con el dinero público lo que quiera. Lo podrá reasignar a su pleno antojo sin que haya ningún contrapeso para ello.

Para que México pudiera llegar a esos controles presupuestales, para que se pudiera llegar a un equilibrio de poderes, tuvieron que pasar muchas crisis en este país.

Hoy vemos cómo al presidente López Obrador le estorba la autonomía del Banco de México y en tono amenazante les advierte que los está vigilando. El banco central puede estar tranquilo mientras en México se respeten los límites de la democracia, porque López Obrador no tiene mayoría en el Senado para controlar al banco central.

Pero de la responsabilidad hacendaria, ni hablar. Con una caravana los legisladores a su servicio le van a regalar ese control sin chistar y sin posibilidades de que, al menos en la presente Legislatura, la oposición pueda hacer algo para evitar ese gesto autoritario.

Descomponer la estructura de equilibrio de poderes que se ha logrado en este país puede ser más difícil de recuperar que el propio crecimiento económico. La desarticulación de la vida institucional, para dotar de poderes extraordinarios a un solo hombre, mete al país en un abismo.

Pero, si se logra que el Poder Legislativo recupere su autonomía en la siguiente legislatura, se podrá poner fin a este intento descarado de concentración del poder en torno al presidente.

Es increíble ver cómo el país viene de ese esquema de partido único que tanto daño hizo a todo el país y cómo parecemos no haber entendido la lección y ver cómo ahora se dota de todo el poder, no a un partido, sino a una sola persona.

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Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.