Explicar una de las principales razones de la creciente inseguridad que se vive en México es fácil: el gobierno carece de estrategia. Me queda claro que con un presidente que funda sus acciones en “abrazos no balazos” y un secretario de seguridad incompetente no vamos a frenar al crimen organizado. Los resultados del año pasado son demoledores: la violencia más grave de la historia, los casi 40,000 homicidios dolosos contabilizados en el 2019 nos ponen al nivel de los saldos que se registran en Afganistán o Siria.

Lo complicado es definir, pero sobre todo admitir y remontar aquello que estamos haciendo mal como sociedad. El crimen organizado y la delincuencia común al final de cuentas son la consecuencia de una sociedad enferma, de gobierno e instituciones corruptos y la ausencia de estado de derecho. Todos los días se producen miles de asaltos para robar celulares, automóviles completos o en pedazos, casas habitación, secuestros de diversa índole y la muy actual extorsión telefónica.

Las acciones de los cárteles ganan notoriedad todos los días, pero es muy superior el cinismo con que nos dañamos unos contra otros; por las principales calles y avenidas de todo el país se venden productos de dudosa procedencia como televisiones, computadoras, teléfonos robados o se consiguen piezas de los que fueron inmovilizados, ante la complacencia de las autoridades municipales, que son las responsables de poner un freno a los delitos patrimoniales.

Tenemos más de 50 años de tolerancia a la venta de  piezas robadas en la colonia Buenos Aires de la Ciudad de México y en los alrededores de la calle 5 de febrero de Guadalajara. Todos lo saben, los ciudadanos que compran a veces la misma refacción que les fue robada y las autoridades que las han tolerado.

En las escuelas, restaurantes, centros de espectáculos, colonias o en la vía pública se sabe dónde y quiénes venden drogas que van desde pastillas hasta cocaína.

La tragedia de Torreón ha dado para todas las consideraciones, desde la peregrina y desafortunada declaración del gobernador de Coahuila al señalar los videojuegos como causa hasta las revelaciones sobre la intimidad de la familia.

No hay duda, la inseguridad es uno de nuestros principales problemas, la primera responsabilidad es del estado al que le hemos dado el monopolio de la fuerza; pero la sociedad es causa y consecuencia y el remedio no está en recetas morales, sino en la construcción de un sólido estado de derecho. Como hemos visto, algunos creen en hacer justicia por su propia mano y ése es el peor de los caminos. Al margen

El sector salud sigue con su paso inexorable hacia la quiebra, con todo lo que implica para el país. Las estructuras administrativas, incluso los esquemas presupuestarios se pueden arreglar, se ve difícil, pero es posible; lo que difícilmente se puede contener es el desarrollo de enfermedades producto de la falta de atención, medicamentos, personal e instrumental.

Cerca de 57 millones de mexicanos estaban afiliados al seguro popular, unos 56 millones de personas trabajan en la informalidad, por lo tanto, no tienen seguro social, una minoría cuenta con algún tipo de seguro de gastos médicos privado o está en el IMSS por su cuenta.

Son muchos mexicanos que en este momento están desprotegidos a causa de un proyecto errático como el llamado Instituto de Salud para el Bienestar.

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Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.