Los alemanes se creen novedosos. Se creen innovadores al momento de prohibir cierto tipo de operaciones financieras en los mercados.

Lo que no ve Angela Merkel, canciller alemana, es que Estados Unidos ya pasó por ese camino sin resultados positivos.

En septiembre del 2008, en medio de la emergencia económica por la crisis de la quiebra de Lehman Brothers, Estados Unidos, específicamente le Comisión de Valores de ese país, la SEC, prohibió la venta en corto de determinadas acciones, con la intención, decía la explicación de motivos del autoridad financiera, de proteger la integridad y la calidad del mercado de valores y fortalecer la confianza de los inversionistas.

Inicialmente, la medida tranquilizó a los mercados que días antes se habían enfrentado a la realidad de la quiebra de uno de los grandes financieros de Nueva York, como Lehman Brothers.

La reacción fue de alineamiento de los inversionistas a la medida, pero nunca se reforzó la confianza de los inversionistas.

En la versión alemana de la medida, la principal consecuencia fue que los inversionistas perdieron la confianza en los mercados financieros.

Ayer, la jornada pintaba para un jueves negro y se cumplió el pronóstico de pérdida de la confianza, tal cual ocurrió ayer en los mercados financieros.

Los inversionistas perdieron su habilidad de cubrirse para hacer grandes apuestas en una sola dirección.

Pero no sólo fueron las nuevas reglas. Las declaraciones de la Canciller alemana también habló de la falta de movimiento de las cosas. La Canciller habló de la falta de reglas y límites puede hacer que los mercados financiero regidos únicamente por el beneficio, tengan una conducta destructiva y puede amenazar la estabilidad de Europa e incluso el mundo.

Básicamente, Alemania está repitiendo la falsa premisa de que los operadores son los culpables de cualquier caída en los mercados. Pero la verdad es que los problemas fundamentales del manejo fiscal de los países han sido los causantes de los problemas de toda una economía continental.

Es un hecho que hay un río revuelto que puede ser aprovechado por los expertos de la especulación. Pero los inversionistas no han sido los causantes de la desgracia europea de estos tiempos.

Los inversionistas pueden tomar la determinación unilateral alemana de futuras nuevas malas noticias. Lo que puede implicar un futuro nerviosismo y negativismo con respecto a los mercados europeos.

Si Alemania lo anticipa, es porque sabe que Europa no es confiable por el momento.

Y es una visión muy creíble, si atendemos a la dificultad que han tenido muchos países para encontrar financiamiento para su vencimientos financieros.

España, especialmente, había planteado emitir deuda por unos 8,000 millones de euros en notas de corto plazo, en una subasta con poco apetito, por parte de los inversionistas.

Entonces, para los mercados, Alemania parecería más bien preparándose para un escenario de impago de otras economías europeas. Más que dando la impresión de ser más estricta con las reglas financieras.

La Unión Europea nació dispareja en sus desarrollos y hoy está pagando las consecuencias de agrupar ese tipo de diferencias.

Alemania necesitaba de más cuerpo para formar un voluminoso bloque financiero y económico. Pero hoy está pagando las consecuencias. Y con Europa, el mundo paga la factura de agrupar el mundo en bloques.