Hace unas semanas la canciller alemana, Angela Merkel, anunció un ambicioso plan para eliminar gradualmente el uso de la energía nuclear en Alemania que concluiría con el cierre del último reactor nuclear en el 2022.

El plan será votado en el Congreso alemán el 8 de julio, pero hasta el momento no se anticipan mayores obstáculos para su aprobación. La iniciativa de Merkel no es nueva, ya que fue originalmente planteada en el 2000 por la coalición del Partido Social Demócrata y el Partido Verde que gobernaba Alemania en ese momento.

Sin embargo, la iniciativa fue pospuesta hace unos años por un gobierno opositor. La decisión de reactivar el plan parece una consecuencia directa de los desafortunados eventos que llevaron a Japón a estar al borde de una crisis nuclear en Fukushima hace unos meses.

Alemania se convierte así en el país con la reacción más fuerte al episodio de Fukushima. Otros países como Gran Bretaña, Francia, Polonia y Rusia han declarado que no contemplan cambios inmediatos a sus políticas de generación de energía nuclear mientras que otros países como Italia y Suiza han decidido detener el desarrollo de nuevos reactores.

El plan contempla el cierre inmediato de ocho de los 17 reactores nucleares que operan en Alemania actualmente y el cierre gradual del resto para el 2022. El plan también contempla un aumento muy importante en la producción de energías renovables para sustituir la producción de energía nuclear y una considerable disminución en el consumo de energía.

La energía nuclear en Alemania representa aproximadamente 23% de la producción de energía eléctrica, siendo la segunda fuente más importante detrás del carbón (42%), energías renovables (16.5%) y gas natural (14 por ciento).

Para muchos expertos, el plan de Merkel parece más un acto de proselitismo político que una decisión bien calibrada. De acuerdo con algunos especialistas, la meta de reducir la producción de energía nuclear no es compatible con el objetivo de disminuir la producción de energía a base de carbón que produce altas emisiones contaminantes.

Para lograr el doble objetivo de prescindir de la energía nuclear y reducir la producción de energía con base en carbón requiere de un muy ambicioso programa de desarrollo de energías renovables y una fuerte disminución en el consumo de energía en general.

De lo contrario, Alemania se podría ver obligada a convertirse en un importador neto de energía de otros países que siguen generando energía nuclear como Francia, Holanda, Dinamarca, Polonia, Rusia y Suiza.

Aunque Alemania no sería ni el primer ni el último país que importa energía, esta situación dejaría a la nación en un escenario de dependencia, con el suministro y los precios fuera de su control.

El accidente en Fukushima es el resultado de una confabulación de eventos y fallas inesperada, partiendo de la magnitud histórica del sismo, el tsunami, la localización de la planta en la costa y llegando a las deficiencias en los sistemas de enfriamiento de emergencia.

A pesar de la tragedia en Fukushima y casos pasados como Chernobyl, sería imposible imaginar el presente sin energía nuclear. Hoy, simplemente, no hay suficientes fuentes de energía alterna para sustituir a la energía atómica. El sólo hecho de detener el desarrollo de nuevas plantas nucleares detonaría una escasez global de energía y sumiría a la economía global en una recesión.

De acuerdo con los expertos, el gas natural se perfila como el principal candidato a desplazar gradualmente,y quizá a partir de ahora de manera más acelerada, a la energía nuclear.

Sin embargo, los expertos apuntan a que buena parte del aumento en la producción de energía proveniente de gas natural estaba destinado a sustituir al carbón.

La energía proveniente del carbón es de las más contaminantes a nivel global por lo que el desplazamiento del gas natural a sustituir energía nuclear en lugar de energía con base en carbón haría imposible el cumplimiento de las metas de reducción en emisiones de carbono a nivel global.

Para muchos expertos, incluyendo a varios críticos del gobierno alemán, la tragedia de Fukushima no debería resultar en el abandono de la energía nuclear como fuente alterna de energía, sino en una mayor innovación y mejoría de este método de generación.