El camino de la integración fiscal será altamente costoso desde el punto de vista de política interna para el país teutón.

La disolución total o parcial de la eurozona produciría un caos en el sistema bancario ?europeo y los mercados de capitales.

Después de un primer trimestre récord, la percepción sobre la situación europea se ha deteriorado de manera considerable, provocando un brusco ajuste en los mercados financieros a nivel global.

Los mercados han reaccionado de manera muy negativa a la falta de consensos en Grecia para seguir el plan de ajuste impuesto por la Troika de la Unión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional.

Como hemos mencionado en este espacio, la situación en Grecia amenaza con ser la punta de un iceberg que podría provocar un efecto dominó que acabaría desgajando la eurozona, devastando al sistema bancario europeo y terminaría con el sueño de una moneda común.

Desafortunadamente, el desenlace final de la actual problemática de la eurozona tiene sólo dos escenarios: una integración fiscal completa que termine en la creación de los Estados Unidos de Europa y el establecimiento de un mecanismo ordenado de salida para Grecia o un eventual resquebrajamiento de la eurozona.

Sin embargo, el camino de la integración fiscal enfrenta un abierto rechazo por parte de Alemania. Esta opción implicaría una transferencia de recursos financiada por los contribuyentes de los estado s ricos -principalmente, Alemania- a los países más endeudados.

Hasta ahora, Alemania ha rechazado la mayoría de las iniciativas que podrían salvar a la eurozona. Ha dicho que no a la emisión de bonos conjuntos. Ha dicho que no a suavizar las políticas de austeridad. Ha dicho que no al incremento de recursos para el Fondo Europeo de Estabilización Económica. Ha dicho que no al uso de la política monetaria como herramienta para estimular el crecimiento y también ha dicho que no a la emisión de garantías para el sistema bancario.

En algunos momentos, parecería como si Alemania no estuviera consciente de que el costo de revertir la eurozona podría ser mucho mayor, en términos económicos, que el costo de la integración fiscal.

La disolución total o parcial de la eurozona produciría un caos en el sistema bancario europeo y los mercados de capitales.

Adicionalmente, un regreso al marco alemán o el mantenimiento del euro como moneda única para un bloque de países del norte de Europa, encabezados por Alemania, resultaría en una apreciación masiva de dicha moneda.

Esta apreciación provocaría una pérdida de competitividad sustancial para Alemania, cuya economía es altamente dependiente del sector exportador (las exportaciones de bienes y servicios representan, aproximadamente, 40% del PIB).

En mi opinión, Alemania está consciente de que el escenario menos costoso es aquel de la integración fiscal combinado con una participación mucho más activa del BCE para estimular el crecimiento mediante la ampliación de su balance, al estilo de los programas de inyección de liquidez que ha implementado la Fed en Estados Unidos.

Sin embargo, Alemania y sus líderes deben estar convencidos de que, antes de tomar pasos definitivos hacia la integración, se deben agotar todas las posibilidades y, sobre todo, extraer el mayor número de concesiones del resto de los países miembros de la eurozona.

El camino de la integración fiscal será altamente costoso desde el punto de vista de política interna para Alemania.

Es por esto que Alemania podría no tomar acción definitiva hasta que sea más que evidente que no queda ninguna otra opción.

Alemania, seguramente, buscará que los demás países cedan la mayor soberanía posible para asegurar suficiente influencia en las decisiones de ajuste fiscal y cambio estructural, así como establecer mecanismos de castigos para evitar una nueva situación de riesgo moral como la que vivimos actualmente.

Al final del día, parecería un suicidio que Alemania no viniera al rescate de la eurozona.

No obstante, los mercados permanecerán sumamente nerviosos y sujetos a la percepción sobre avances o fracasos en el camino a dicha integración fiscal.

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