No es posible ver al bloque europeo como un monolito.

Hoy y mañana se reúnen los mandatarios de las 27 economías que conforman la Unión Europea. Dentro de ellas, las 17 que comparten una moneda única y a su vez, al interior de la zona euro, las cuatro economías más poderosas: Alemania, Francia, Italia y España.

No es posible ver al bloque europeo como un monolito, porque ése ha sido el gran error de operación del continente, no entender que cada uno de los integrantes de la unidad tiene sus muy particulares intereses, pues no tienen un eje legal establecido para que sea diferente.

Inglaterra, por ejemplo, a pesar de su poderío económico, hace valer su condición de isla y tiene una enorme separación de las políticas comunes de la Europa continental.

Lituania, Eslovaquia y Malta son tan solo tres de los países que componen la Unión Europea y que, a pesar de ello, se mantienen al margen de muchos problemas y decisiones de los grandes nombres nacionales que enarbolan la bandera azul de estrellas en círculo.

Para la reunión de hoy, hubo un encuentro previo entre los cuatro fuertes del euro. Más bien, lo que vimos fue un encuentro de Alemania con Francia, en la que recibieron a Italia y a España, que son dos naciones con problemas financieros. Aunque Francia y su alta exposición a la deuda griega también sienten la presión de la crisis de deuda.

Vimos a la Alemania disciplinada y relativamente sana encontrarse con los latinos de la Francia del bandazo político y el crecimiento escaso, la España de la recesión y la banca en quiebra y la Italia de la descomunal deuda de corto plazo.

No hay posibilidades de que estos cuatro países puedan tener una visión siquiera similar al problema, porque cada uno de ellos tiene que ver, primero, por su integridad nacional antes que por mantener el idilio de la unión monetaria.

Angela Merkel, canciller alemana, dice que sobre su cadáver se expiden los eurobonos que harían a los alemanes pagar parte de la deuda de sus socios irresponsables. Defiende la austeridad como la gran solución.

Francois Hollande, presidente francés, mira un poco más alto que su antecesor Sarkozy y empieza a considerar la posibilidad de autoridades supranacionales. Mientras que los mandatarios Mariano Rajoy, de España, y Mario Monti, de Italia, están altamente estresados por la situación financiera, económica y política de sus naciones.

Italianos y españoles están un poco más presionados que cualquiera y eso los podría orillar a aceptar muchos cambios por tener los dedos en la puerta.

La crisis europea cumple su tercer año consecutivo. Cuarto, si consideramos que la temporada de quiebras la inauguró Islandia en el 2008. Desde entonces a la fecha, se han dado innumerables cumbres. Lo mismo con todos los integrantes de la Unión Europea, lo mismo los de la unión monetaria. También con el G-8, el G-20, con FMI y sin él. En fin, cualquier cantidad de reuniones y encuentros del más alto nivel.

La diferencia entre las primeras cumbres de los tiempos de la Gran Recesión a estos días es que ya son cinco los países que han solicitado algún rescate en diferentes magnitudes. Desde Chipre, que quiere rescatar a su banco más fuerte, hasta Grecia, que necesita un rescate completo.

Esta presión debería ser suficiente para que en esta cumbre de hoy y mañana, realmente, avanzaran en el rescate de la Unión Europea. Con la posibilidad de compartir la deuda descartada de forma tan radical por Alemania, lo que podría resultar es la refundación de las reglas del juego.

Crear una autoridad supranacional que verifique que todos los países cumplan con sus obligaciones financieras y económicas. Que al que falle se le corrija la plana y se le castigue.

La Unión Europea y, sobre todo, la unidad monetaria tienen como base la confianza entre los socios. Sin embargo, esto fracasó. Los socios se mintieron entre ellos y, al final, han llevado a la empresa al borde de la quiebra de varios socios.

Lo que sigue es crear un auténtico Consejo de Administración en el cual los integrantes cedan soberanía a cambio de crear una auténtica unidad.

Lo que muchos países tienen como el gran temor escondido es que Alemania se alce como el gran rector europeo que marque, desde la economía, una línea a seguir para toda Europa. Sus temores son históricos. Además de que alemanes, ingleses, españoles o checos son muy diferentes.

Los mercados creen que no sucederá nada tan trascendente como eso en esta enésima cumbre. Pero el tamaño del problema y el poco tiempo disponible tendrían que marcar lo contrario.

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