Apegado a la legalidad, con permisos y con todos los estudios, incluyendo el de impacto ambiental que se presentarán en unos días, es como oficialmente el gobierno federal anunció que se iniciaban los trabajos de construcción de la refinería de Dos Bocas; sin embargo, la realidad es otra, una que nos deja claro que ésta sólo será un monumento a la transparencia color chapopote. El día de ayer junto con el presidente de la República, asistí a la ceremonia de la primera piedra de la nueva refinería; sin duda un acto histórico y de gran relevancia, especialmente para los tabasqueños que ven a esta magna obra como la única solución viable para reactivar la economía estatal. No obstante, considero que ésta no será lo que promete ser, gracias a la manera en la que se ha ocultado información sobre su factibilidad y se han violentado los procedimientos de transparencia. Insisto, si tienen todo como lo dicen, ¿por qué no lo muestran?

Como legisladora federal, pero especialmente por el profundo amor que le tengo a mi estado, durante los últimos meses he incorporado el tema de la refinería dentro de mis prioridades de trabajo, ya que estoy convencida de que aquí lo importante es Tabasco, su crecimiento, así como rescatarlo del infierno en el que está inmerso. En particular, he sido vigilante de la rendición de cuentas de esta obra, porque, como dice mi paisano el presidente: “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”.

Sin embargo, tras haber realizado más de 100 solicitudes de transparencia pidiendo todos los documentos públicos relacionados con esta obra, se me ha hecho notar, claramente, su inexistencia, algo ¡sumamente alarmante! De manera más reciente, recibí respuesta por parte del Comité de Transparencia de Pemex, el cual me confirmó la inexistencia de los estudios técnicos de impacto ambiental, de mecánica de suelos, y de calidad del agua que mandatan las leyes generales de Equilibrio Ecológico y Protección al Medio Ambiente, de Hidrocarburos y de Desarrollo Forestal Sustentable, entre otras.

Lo que me parece impresionante es que, a pesar de esto, las autoridades responsables siguen insistiendo en que el proceso de construcción se está realizando con un estricto apego a la ley y bajo los mejores estándares a nivel internacional, discurso que claramente choca con la falta de transparencia.

Por esa razón, quisiera sumarme al llamado que recientemente realizó el INAI instruyendo a Pemex a informar sobre los estudios de impacto ambiental y presupuesto para la construcción de esta obra de infraestructura energética. Es importante mencionar que, en el marco de este llamado, el comisionado del instituto Rosendoevgueni Monterrey Chepov señaló que con base en la capacidad de producción pronosticada para esta obra (340,000 barriles por día) y su tamaño (400 hectáreas) la región de Dos Bocas resentiría un impacto ambiental considerable, por lo que la necesidad de hacerlo público es muy relevante, algo con lo que coincido ¡plenamente!

Si algo ha quedado claro, es que lo que necesitamos es una estrategia integral y responsable que rescate al sector energético mexicano; misma que debe la principal tarea de Octavio Romero como titular de Pemex. Es indispensable que los funcionarios encargados del sector le dejen de mentir al presidente. Insisto, si se tienen los estudios, que se muestren, ya que, de lo contrario, lo que fomentan es la desconfianza y la incertidumbre en lugar de las inversiones y la creación de empleos. Lo he dicho y lo reitero: no estoy, ni nunca he estado, en contra de la refinería, pero ésta debe hacerse conforme a la legalidad, así lo exigen los mexicanos, y en particular nuestro presidente.

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.