A Miguel Herrera le urge madurar. La buena cara que el Piojo le ha dado al América en la cancha desde hace un año, convirtiéndolo en un equipo que busca ganar en cualquier estadio, y en el conjunto que más puntos sumó en el 2012, se ha visto empañada de nuevo con sus arranques, arrebatos y caprichos en el área técnica, ganándose otra expulsión. Ya son 26 las suspensiones en su carrera.

Pero eso no es lo peor. A pesar de que Ricardo Peláez, presidente deportivo de las Águilas, hizo pública su molestia y la multa económica que se le impuso a su entrenador, Herrera ya advirtió que no está dispuesto a cambiar su forma de dirigir y vivir los partidos, lo que desde ya se puede interpretar como que seguirá siendo un blanco perfecto para los silbantes, que desde hace algún tiempo a la menor provocación van a molestarlo a su banca.

Sí, es cierto que en el partido ante Monterrey todo el estadio fue testigo de que jamás reclamó antes de ver la tarjeta roja, que los gritos vinieron de su auxiliar, Santiago Baños, y que desde que inició el duelo el abanderado que corría a unos metros de él salió a provocarlo, sonriéndole sarcásticamente, hasta que al final tras escuchar algún reclamo del colaborador del Piojo acusó al entrenador azulcrema, quién terminó expulsado.

Ahí fue donde vino el problema. En lugar de retirarse, comiéndose su coraje, Herrera protagonizó un show durante algunos minutos, con manotazos y trotes incluidos, diciendo palabrotas al cuarto árbitro y al comisario de la Liga MX, en un acto que nada tiene que ver con la grandeza del club al cual dirige.

El sábado se dará el regreso de Herrera al banquillo azulcrema, sitio en el cual estarán las miradas y oídos de los cuatro silbantes, que tras su advertencia de que no modificará sus formas, la tendrían muy fácil para echarlo de nueva cuenta.

Ojalá que por el bien del América, y del mismo Piojo, el técnico de una vez por todas sepa en qué institución se encuentra y se comporte de otra manera, porque de lo contrario, de nada le servirá que el equipo juegue bien y sea protagonista, y terminará yéndose al final de torneo por la puerta de atrás, sólo por sus caprichos.