La semana pasada el precio de varios commodities, en particular el del petróleo, experimentaron un fuerte ajuste, frenando un alza casi ininterrumpida de nueve meses.

Aunque hubo algunos eventos coyunturales que pudieron haber jugado un papel en la caída, la principal razón detrás del ajuste fue la creciente evidencia que la recuperación económica a nivel global está desacelerándose.

Los datos económicos más recientes en EU, Europa y China han mostrado una debilidad mayor a la esperada. En el caso de EU, el ISM no manufacturero -una encuesta que mide el nivel de fortaleza de la actividad económica en el sector de servicios- tuvo una caída de 57.3 en marzo a 52.8 en abril.

Asimismo, la actividad en el sector construcción sigue mostrando debilidad adicional. En el caso de China, los índices de producción manufacturera también mostraron un ajuste a la baja mayor al esperado en abril.

Sin embargo, el evento más importante en China fue una declaración de las autoridades económicas de este país, donde enfatizaron que no escatimarán en sus esfuerzos para controlar la inflación.

Este mensaje constituyó una advertencia de que el banco central de China podría ser más agresivo a lo esperado y sacrificar crecimiento económico para mantener la inflación bajo control.

De igual manera, la decisión de política monetaria de la semana pasada del Banco Central Europeo (BCE) y el lenguaje de su presidente, Jean-Claude Trichet, enfatizan que las siguientes alzas de tasas de interés en Europa seguirán un camino gradual, debido a los riesgos existentes a la recuperación económica.

Trichet transmitió que lo más probable es que no haya un nuevo incremento en junio, aunque no descartó uno para julio. El BCE enfrenta una disyuntiva más complicada que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), a pesar de que su mandato único es mantener la estabilidad de precios.

El problema principal del BCE es la enorme falta de homogeneidad en la situación económica de los diferentes miembros de la Unión Europea.

Por un lado, la economía alemana, que es la más importante de la UE, muestra una recuperación robusta y sus niveles de empleo se han recuperado a los mismos de la precrisis.

Mientras que las condiciones económicas en países como España, Irlanda, Grecia, Italia y Portugal requieren de la continuidad de estímulos monetarios.

Como habíamos mencionado en este espacio, el alto grado de capacidad ociosa en la mayoría de las economías nos hacía pensar que el impacto más nocivo del alza en los precios de los energéticos sería en el crecimiento económico y no en las presiones inflacionarias.

En la opinión de este columnista, la cautela con la que han actuado la Fed y el BCE para normalizar su política monetaria denota también un mayor grado de preocupación por la salud de la recuperación económica que por las presiones inflacionarias.

Sin embargo, a pesar del ajuste de la semana pasada y las amenazas que se vierten sobre el crecimiento económico, los fundamentos de oferta y demanda de la mayoría de los mercados de commodities siguen siendo robustos.

Como hemos mencionado en el pasado, las condiciones de oferta en varios mercados de commodities siguen siendo apretadas. A pesar de los incentivos económicos existentes para incrementar dicha oferta, las limitantes físicas de estos mercados, sobre todo en los energéticos, hace imposible cambiar la dinámica de oferta de un día para otro.

Es por eso que a pesar del fuerte ajuste que vimos la semana pasada, lo más probable es que los precios de commodities se mantengan fuertes y que en los próximos meses recuperen gran parte de lo perdido en los últimos días.

El caso particular del petróleo es un poco diferente por la prima de riesgo geopolítico, que suele incorporarse al precio determinado por la oferta y demanda.

En ausencia de riesgos geopolíticos, no sería sorprendente ver un precio del barril de petróleo entre 80 y 90 dólares.