Otra medida irresponsable fue argumentar que ya no vale lo que respires hoy sino lo que respires mañana.

Un aire con altas concentraciones de ozono, como el que respiramos estos días de primavera en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), puede producir efectos irreversibles en la salud, como asma, afecciones respiratorias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otros padecimientos que afecten la función pulmonar.

Los efectos de las micropartículas PM2.5 y PM10 en altas concentraciones son explicación para el cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares y respiratorias y tienen una relación directa con la mortandad de niños pequeños. En México no se miden las partículas PM2.5, y las PM10 se mantienen en niveles malos de manera permanente en la zona norte del Valle de México.

Esto lo dice la Organización Mundial de la Salud que no tiene las preocupaciones político-electorales de las autoridades de la Ciudad de México, el Estado de México y de la comisión ambiental de la Megalópolis que se han hecho de la vista gorda con el aire con porquería que respiramos.

Hace tres años el gobierno de la Ciudad de México cambió las reglas del programa de restricción vehicular, porque la realidad mostraba que la contaminación estaba matando gente en esta zona del país.

La autoridad capitalina, vía el secretario de Salud, Armando Ahued, acepta que 1,200 personas se mueren al año por problemas de salud directamente relacionados con la contaminación, pero cifras del Instituto Nacional de Salud Pública reflejan que en la ZMVM mueren por lo menos 9,600 personas por culpa de la contaminación del aire.

El gobierno de Miguel Ángel Mancera intentó restringir la circulación de los autos más contaminantes vía la restricción de los hologramas de verificación, pero la amplia corrupción en esta ciudad se encargó de anular la medida.

Con la certeza de lo que está causando la contaminación en la salud de los habitantes de esta zona, la Comisión Medioambiental de la Megalópolis también apretó las medidas y restringió la circulación vehicular a partir de los 150 puntos Imeca de contaminación.

El año pasado, la primera contingencia ambiental que implicó esta restricción en la circulación se alcanzó con apenas 152 puntos. La medida se aplicó y se lograron dos efectos: el primero fue una notable reducción de la circulación y con ella de la contaminación. Y la segunda fue un enorme impacto político con cargo básicamente al jefe de gobierno de la Ciudad de México, su gobierno y su partido.

Pero la regla estaba escrita y cada vez que se superaba este peligroso nivel de contaminación se aplicaba la medida. Se salvaron vidas, sin duda, pero se perdían las esperanzas electorales.

Este año llevamos varias veces que se superan los 150 puntos Imeca de contaminación atmosférica, pero han encontrado los mecanismos para darle la vuelta a tomar medidas valientes y necesarias.

La primera fue apapachar a los electores, a costa de sus pulmones, y no restringir la circulación de los que porten el holograma cero o doble cero, que está comprobado que se sigue consiguiendo de manera ilegal.

Otra medida irresponsable pero efectiva fue argumentar que ya no vale lo que respires hoy sino lo que respires mañana. La invención del pronóstico de contaminación permite el margen de error de decir que se equivocaron. En cambio, si falsifican el reporte de lo registrado, estarían mintiendo.

Pero así funciona este país, es más escándalo que suba la gasolina a que se usen recursos públicos para su subsidio. Es peor pecado limitar la circulación de los autos particulares que cuidar la salud de los habitantes.