En esta época del año, es bastante frecuente el aumento de temperatura en todo el país, en especial en la ciudad de México, aunque este año las cosas se complicaron con una contingencia ambiental.

Una vez más, el tema trae a colación los errores de política en la materia, en donde se privilegian las obras en favor de los automóviles. El transporte público es indigno para los usuarios y un desastre en su funcionamiento. Al mismo tiempo, se fomenta el uso de grúas para retirar autos estacionados en lugares prohibidos, en lugar de fomentar estacionamientos, y para colmo, se adquieren bicicletas para que la gente no utilice su auto, invitándolas a arriesgarse a cruzar calles que han confinado carriles para uso exclusivo de ciertos transportes, muy ineficientes, que circulan uno tras otro, mostrando a todo el mundo, lo ridículo de las decisiones que se toman en el Distrito Federal.

En las fechas cercanas a las elecciones, se inicia una gran cantidad de obras, complicando más el tráfico y arrojando más polvo al aire para que el ciudadano viva en un ambiente que represente un riesgo mayor para su salud.Por si todo ello fuera poca cosa, las autoridades han decidido mantener el ridículo programa de verificación de vehículos y restringir cualitativamente la circulación, en lugar de elevar el precio de la gasolina, que para sorpresa de todos ahora resulta ser más barata que el agua embotellada.

Sería interesante que algunos funcionarios trabajaran en un equipo para definir una política cuyo objetivo fuera dar al ciudadano, en especial a los llamados de a pie , un espacio más digno para vivir y desarrollarse.

Para esto, hay que empezar por elevar el precio de la gasolina, por lo menos al doble, para reducir por lo menos un tercio la circulación de autos particulares. También hay que ordenar el uso del suelo, combatir la venta de alimentos en la calle, elevar la oferta de espacios de estacionamiento y eliminar las grúas, privilegiando las multas con inmovilizadotes, administrados por oficiales en vehículos eléctricos.

Urge además regular los horarios de entrega de ciertos productos, como gas, refrescos, cerveza y golosinas; fomentar nuevamente que los ciudadanos barran las calles donde viven, siembren árboles y que los cuiden, a cambio de una reducción en el predial o incluso de un pago mensual directo. Hay asimismo que disminuir las construcciones en la ciudad y, mejor aún, programarlas. Cierto que algunas cosas que aumentarán de precio, pero será la única forma de que ahorremos para vivir un poco mejor.

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