La mejor coartada que tienen los pronosticadores es que hay variables extraordinarias que siempre van a influir en sus estimaciones.

Y vaya que este año ha estado lleno de situaciones adversas que harán fallar lo que hasta ahora tenemos como una aproximación a los resultados de cierre del año.

Empezando el año ya había amenazas en el ambiente financiero que se han agravado. Por ejemplo, la situación de la deuda de muchos países europeos ha sido una constante desde hace varios trimestres, pero a estas alturas es más turbia la situación.

Grecia, Irlanda y Portugal se habían inscrito en la lista de los países que necesitaban ayuda para la reestructura de sus finanzas. La estimación era que con la aplicación de medicinas correctivas podrían salir adelante. Pero la confirmación de que Grecia no pudo con el peso de sus problemas fue lo que desató las alarmas.

Otro tema que ha rebasado las expectativas es la situación de la deuda de Estados Unidos. Era muy difícil prever que llegaran hasta este punto de indefinición demócratas y republicanos.

Y es que resulta que los republicanos son como los priístas, tienen que firmar un documento antes de asumir una posición legislativa en la que se comprometen a no pensar en una corrección presupuestal aumentando impuestos sin antes recortar al máximo los gastos, algo a lo que se oponen los demócratas.

En esta posición dogmática están atorados en la negociación que ha impedido el aumento del techo de endeudamiento. Ah, se parecen a los priístas porque por dogma estatutario los tricolores no pueden modificar el IVA, algo absurdo a estas alturas.

Ésos son dos eventos conocidos pero que se salieron de control. Hay otros totalmente imprevistos, uno es la primavera árabe y el otro la tragedia japonesa.

Cuando un joven tunecino se prendió fuego después de que le decomisaron su mercancía en un mercado público a finales del año pasado, nadie pensó que ese evento sería la semilla de un movimiento revolucionario en África del Norte.

En la larga lista de consecuencias, una ha pegado de forma muy especial: los precios de los hidrocarburos se dispararon para desgracia del proceso de recuperación económica del mundo.

Japón estaba preparado para un sismo, pero no de estas magnitudes. Muchas estructuras resistieron el movimiento, pero no el impacto de uno de los peores tsunamis en la historia. En especial la planta nuclear de Fukushima.

El coctel completo de malas noticias tiene a la economía mundial en la confirmación de una declinación en su proceso de recuperación. Desde las previsibles recesiones de Japón y algunos europeos hasta las bajas amenazantes de América del Norte y los BRIC.

Lo que sigue ahora que está por terminar el segundo trimestre del año es corroborar que sí habrá resultados menos optimistas que los esperados.

La Reserva Federal lo confirma con su política a seguir. Tasas bajas por largo tiempo y la advertencia de un moderado ritmo de recuperación.

En México los pronósticos vienen de regreso. La primera en lanzar la cubetada de agua fría sobre el optimismo fue la Confederación Nacional de Cámaras Industriales que ahora habla de un crecimiento del PIB mexicano este año de 3.8%, echando por tierra la visión alegre de la Iniciativa Privada de hasta 5 por ciento.

Seguro que en la encuesta que habrá de levantar el Banco de México dentro de una semana entre los analistas del sector privado se va a encontrar con una actitud más moderada en materia de crecimiento económico.

El hecho de que ahora pudieran bajar los pronósticos no significa que no pudiera haber un replanteamiento más positivo para el final del año. Total, para eso se hicieron los pronósticos para cambiarlos cada vez que haga falta.

La primera piedra

El Consejo Mexicano de Comercio Exterior entregó un reconocimiento al doctor Jaime Serra Puche por su apoyo al comercio exterior como funcionario público.

Serra fue Secretario de Comercio y Fomento Industrial durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y es el artífice del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Sin duda un papel muy destacado en la especialidad de comercio exterior. Si tan sólo hubiera respetado su expertise en materia comercial y no hubiera caído en la tentación de ser un testarudo Secretario de Hacienda. Posición en la que sólo duró 28 días, tras el estallido del error de diciembre.