Hace cerca de dos años, Barack Obama pronunciaba uno de sus inspiradores discursos en la Universidad de El Cairo, en Egipto. Simbólico por la vinculación de su propia vida con el cristianismo y el Islam e histórico visto desde los acontecimientos de esta semana.

Al tocar el tema del 11 de septiembre, Obama lamentó que el miedo y la ira provocados por los violentos extremistas hubiera llevado a Estados Unidos a olvidar sus principios y a actuar en contra de sus ideales.

Por ello, ordenó el cese de la tortura contra prisioneros y el cierre de Guantánamo; además, se comprometió a que su país se defendería respetando la soberanía de las naciones y el imperio de la ley .

Hoy, Estados Unidos festeja la muerte del líder de Al-Qaeda y Obama asegura que se hizo justicia. Sin embargo, a la luz de los hechos, cabe preguntarse si se hizo justicia o mera represalia, porque el mundo podrá estar más seguro sin Osama Bin Laden, pero en todo caso no será más justo.

Estados Unidos perdió una enorme oportunidad de dar una lección al mundo entero y llevar a Bin Laden a juicio, como se hizo con los nazis en Núremberg, con Milosevic en Serbia o, incluso, con el mismo Saddam Hussein en Irak.

El terrible dilema del presidente de Estados Unidos es que, quizá contra sus convicciones más profundas, tuvo que optar por liquidar a Bin Laden para complacer a una belicista sociedad americana y, sobre todo, a una feroz oposición republicana que ha juzgado la actitud conciliadora de su Presidente como signo de debilidad o, peor aún, de antiamericanismo.

Más que su acta de nacimiento, que hizo pública hace unos días, la muerte de Bin Laden en un operativo militar directamente conducido por Obama refrenda su autenticidad estadounidense.

Pero, pasada la euforia, la ejecución del líder de Al-Qaeda será una victoria incómoda porque coloca al pueblo estadounidense a la par de sus enemigos terroristas.

Los defensores de la libertad, la justicia, los derechos humanos, ahora cobran al ojo por ojo el agravio sufrido.

La ejecución de Bin Laden, dada a conocer por el gobierno estadounidense el fin de semana, pero llevada a cabo desde el viernes por la noche, cobró el atentado de las torres gemelas, pero canceló cualquier posibilidad de llevar ante la Corte Penal Internacional a un criminal responsable de los graves delitos, no sólo contra Estados Unidos, sino contra la humanidad.

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