Quienes esperábamos en estas campañas propuestas integrales para la igualdad de género, quedamos como quien pide peras al olmo. Ningún candidato a la Presidencia presentó un programa que integrara a niñas, jóvenes, migrantes, trabajadoras y profesionistas, jefas de familia; ni medidas claras para alcanzar un futuro mejor, en igualdad, con justicia y sin violencia.

Quien quiera que resulte presidente electo, será, ya lo sabemos, un hombre aliado con el Frente por la Familia o con el PES, cuyos idearios se oponen a derechos como la libertad sexual o la libre decisión sobre la maternidad. Si queremos rebasar los límites de la “equidad” y las cuotas (que amplían el espacio para las mujeres, pero no aseguran que éstas respondan a las necesidades de las mexicanas), tocará a la sociedad unir fuerzas e impulsar una verdadera política para la igualdad de género.

A partir de diversas propuestas ciudadanas, pueden considerarse algunos temas primordiales. El primero es la defensa del Estado laico, como marco fundamental para la convivencia pacífica en la pluralidad y la diversidad. Cuando el gobierno de Trump manipula la Biblia para justificar su inhumana política migratoria y cuando un partido confesional puede ganar más de 40 diputaciones, hay que recordar que los fundamentalismos usan la religión para legitimar sus intereses e imponer sus creencias a todos. Rechazar la intromisión de la religión en la política no es atacar la libertad religiosa, es preservar las libertades de todas las personas, creyentes o no. Es también poner un coto a la injerencia de las Iglesias sobre el cuerpo y la vida de las mujeres.

Las interpretaciones ortodoxas de la jerarquía católica o cristiana no pueden convertirse en políticas públicas, ni incidir en ellas sin minar los derechos humanos y las libertades. Bastante daño han hecho ya las reformas para “proteger la vida desde la concepción hasta la muerte natural”, que han llevado a la cárcel a centenas de mujeres, como para aceptar más políticas de sesgo religioso. Por ello, no bastará con buscar la despenalización del aborto en todo el país, habrá que exigir acceso pleno a los métodos anticonceptivos, educación laica y científica en las escuelas, incluyendo educación sexual, con perspectiva de género y derechos humanos, que forme en igualdad y con respeto a la diversidad.

Otra prioridad sería exigir y promover la igualdad sustantiva en todos los ámbitos: desde la igualdad salarial y de oportunidades en el trabajo, hasta el desmantelamiento de las estructuras sociales y mentales machistas que atribuyen el trabajo de cuidado —gratuito— a las mujeres. El gobierno debe hacer su parte y podría empezar por establecer jornadas laborales racionales que permitan un equilibrio entre trabajo y vida personal, y garantizar salarios decentes, de modo que las obreras, por ejemplo, no tengan que trabajar 12 horas para sobrevivir. También toca a los hombres asumir su responsabilidad: rechazar el acoso y la violencia en el trabajo, la escuela, la calle y la casa, y participar parejo en el cuidado. El mundo y la casa son de todos.

Garantizar la igualdad y las libertades requiere también acabar con la violencia y la impunidad. Frenar la violencia de género pasa por la educación, la prevención y la sanción, y por la disminución de la violencia generalizada que la favorece. El sistema de “justicia”, como han dicho ya expertos, debe reconstruirse, con profesionalización, y con sanciones a funcionarios negligentes o corruptos. Tolerar asesinatos, feminicidios o tortura degrada a la sociedad, no sólo al “sistema”.

La resistencia a la normalización de la violencia y la exigencia de justicia ha de incluir a quienes vivimos aquí o han emigrado, y a quienes pasan por este país en busca de una vida mejor. EU es un infierno para quienes migran sin papeles; México también. Esto debe cambiar.

Cada quién sumará sus preocupaciones y demandas. Sumemos también energías y creatividad. Aquí seguiremos, más allá de diferencias, gane quien gane.

Antes, votemos este domingo.

[email protected]

Lucía Melgar

Crítica cultural

Transmutaciones

Es profesora de literatura y género y crítica cultural. Doctora en literatura hispanoamericana por la Universidad de Chicago (1996), con maestría en historia por la misma Universidad (1988) y licenciatura en ciencias sociales (ITAM, 1986).