El brasileño Luis Felipe de Oliveira fue nombrado director del Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI) en medio de la pandemia. Antes de eso estuvo al frente de la Asociación Latinoamericana de Transporte Aéreo (ALTA), en donde hizo una excelente labor al llevar adelante la agenda de la aviación en la región de América Latina para fortalecer nuestras aerolíneas y lograr mayor conectividad en la región.

Al frente de la ACI, sustituyendo a Angela Gittens, su encomienda ha tomado un nuevo sesgo con el gran reto de poner a los aeropuertos a la altura de lo que espera en medio de la lucha contra los contagios del Coronavirus, el ya conocido y las nuevas cepas que están surgiendo.

Se ha escuchado mucho que lo que se gana de sanitización en los aviones -gracias a los filtros HEPA y los protocolos de limpieza- se pierde en los aeropuertos, debido a las filas de pasajeros y a que estas terminales están expuestas a la incursión de innumerables personas ajenas a los vuelos. Esta percepción ha sido difícil de afrontar y los aeropuertos tienen frente a sí enormes retos para garantizar a los viajeros que estarán cuidados de principio a fin en sus viajes, pues la confianza es el principal ingrediente de la recuperación del transporte aéreo.

Una parte del trabajo lo están haciendo las aerolíneas mismas con la introducción de la tecnología, que permite a los propios viajeros hacer el despacho de equipaje y obtener su pase de abordar electrónico sin la intervención de otras personas, lo cual limita las interacciones. Pero es un hecho que los aeropuertos tienen muchas más áreas que cuidar, entre otras las labores de inspección entre las zonas de ingreso desde la calle y el área estéril, donde se supone que hay un grupo se expertos que revisan a los usuarios y sus equipajes de mano para garantizar la seguridad en vuelo y apoyar la sanitización.

Sin embargo, esto no es lo único que se requiere. Los aeropuertos son pequeñas ciudades, cuyo objetivo no es alimentar o vender productos a los pasajeros, sino albergar las operaciones aéreas y cerciorarse que éstas sean seguras y eficientes. Para eso hay mucho qué trabajar y existen empresas que certifican aeropuertos en todo el mundo.

Llamó la atención, por ejemplo, que el General Munguía, director de la Agencia Federal de Aviación Civil, reconociera que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México carece de certificación. Es posible que no exista un documento como tal, pero es un hecho que el AICM está en el mapa de la OACI y de la IATA como un aeropuerto seguro, de otra forma no habría vuelos de aerolíneas extranjeras.

Pero De Oliveira planteó una sugerencia que puede resultar muy buena y es que la ACI, en conjunto con el Centro Internacional de Instrucción de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (CIIASA) “Roberto Kobeh González” desarrollen un programa de educación y entrenamiento sobre aeropuertos y se haga un plan de capacitación a nivel Latinoamérica, aprovechando que el CIIASA se ha ganado un lugar como centro de entrenamiento reconocido por la OACI y que puede dar excelentes frutos para lograr una homologación en la prestación de los servicios a nivel regional. Ojalá que su planteamiento sea bien recibido y aplicado.

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