Pues ni falta hizo que la Comisión Federal de Competencia (CFC), que encabeza Eduardo Pérez Motta, vetara la participación de la firma Asur, que encabeza Fernando Chico Pardo, para participar en la licitación del aeropuerto de la Riviera Maya en su momento con el argumento de que se trata de abrir la competencia aeroportuaria en esa región, en particular porque Asur opera el aeropuerto de Cancún y no está de más decir que se trata del segundo aeropuerto con más movimiento de pasajeros del país, desde luego atrás del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Así, el anuncio del viernes pasado resulta irónico que un día antes (el jueves 19 de mayo), el presidente de la República, Felipe Calderón, en reunión con ejecutivos de la Industria Turística Mundial en Las Vegas, haya mencionado que su gobierno estaba por construir un nuevo aeropuerto en la Riviera Maya ; sin embargo, un día después su equipo a cargo de obras de infraestructura declaró desierta dicha licitación y una vez más, se frenan las obras de infraestructura.

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) dio aviso el pasado viernes a los dos participantes (Tradeco y GAP-Grupo México) sobre su descalificación en la licitación del aeropuerto de la Riviera Maya, el argumento de la SCT, que encabeza Dionisio Pérez Jacome, fue ausencia de temas legales y técnicos de seguridad en las propuesta de ambos participantes.

Este proyecto, que representaba inversiones cercanas a los 300 millones de dólares, se suma a una larga lista de proyectos de infraestructura que nomás no han salido, entre argüir razones de la reciente crisis, la influenza, la ausencia de inversionistas, entre otras muchas, pero al final lo que se tiene es obras que han fracasado y se quedan como novias de rancho Así, el aeropuerto de la Riviera Maya es una pieza más -desde luego ausente- en el rompecabezas de infraestructura, además de el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, Punta Colonet y La Parota, principalmente.

Así, que sin lugar a dudas el verdadero ganador con el anuncio del viernes de la SCT es el grupo Asur, de Chico Pardo, el que ya argumentó en su momento que no tenía sentido un segundo aeropuerto en la región; así, en la vía de los hechos se da reversa en la decisión de la CFC, de Pérez Motta, con respecto a la negativa de que participará en esta licitación con la finalidad de generar mayor competencia en el país.

Así, un día en este espacio se consigno que no iba la obra del aeropuerto de la Riviera Maya y hoy (bueno, el viernes) la autoridad lo confirmó.

Las omisiones de Molinar

El paso de Juan Molinar Horcasitas en las dependencias federales de este sexenio, que encabeza Felipe Calderón, será muy bien recordado; en su paso por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes hay un hecho del que muy poco o nada se ha comentado.

Se trata de la historia que hoy tiene al gobierno federal entre la espada y la pared respecto del título de concesión de Telmex, no sólo es obra de la gestión de Héctor Osuna como Presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) y que hoy encabeza Mony de Swaan.

El fallo de Osuna, decíamos ya en este espacio, fue guardar en un cajón la solicitud de Telmex de darle el visto bueno (o malo) de que ya había cumplido con un conjunto de obligaciones para que la SCT le modificara su título de concesión y poder ofrecer sumar a su oferta de servicios la venta de TV de paga.

La carta llegó a la Cofetel de Osuna en julio del 2008, si en 60 días no le respondía aplicaba la afirmativa ficta; como no respondió, la justicia determinó que la SCT tenía que responderle, pero el detalle es que hasta noviembre de ese año informó al pleno del órgano regulador de las telecomunicaciones de ese hecho hasta con los dedos cuenta uno que pasaron los 60 días, pero Teléfonos de México le pidió a la SCT de Molinar Horcasitas que le diera respuesta en diciembre del 2009 Bueno, la historia es que nunca le dio respuesta a la firma telefónica de Carlos Slim, por lo que tuvo que recurrir al Poder Judicial con la historia que ya sabemos y que mantiene al gobierno federal en la situación que ya comentamos, la pregunta obligada es: qué hubiera pasado, jurídicamente hablando, si en su momento (diciembre del 2009) la SCT a cargo hubiera dado respuesta a Telmex en efecto, nomás es pregunta, que conste.