Una de las primeras medidas que tomaron los gobiernos en México desde mediados de los 80 fue desmantelar el aparato productivo estatal y entre las tareas más importantes fue vender y/o quebrar a las empresas que estaban en manos del Estado. Esto incluyó bancos, siderúrgicas, acereras, aerolíneas, empresas de telecomunicaciones y demás (había hasta fábricas de bicicletas).

Y al llegar el turno a las aerolíneas, se decidió, por un lado, quebrar Aeroméxico y por otro, vender a Mexicana de Aviación, porque se consideraba que la primera ya no era viable y la segunda podría convertirse en la única empresa bandera que conectara a México con el mundo. El futuro habría de darle un vuelco a esta visión y hasta hoy en día Aeroméxico subsiste y Mexicana suspendió operaciones hace 10 años. La primera sufrió un proceso de quiebra en 1988 que, a la postre, resultó en un pésimo expediente para el país, pues se perdió muchísima conectividad. Como resultado se tuvo que reflotar a la aerolínea, pero para seguir volando Aeroméxico requirió de una cirugía mayor.

En esta cirugía, los trabajadores de la empresa, en particular los pilotos aviadores agrupados en ASPA, fueron pieza clave, donde fue decisiva la participación de los tripulantes de Aeroméxico pero también el apoyo de los pilotos de Mexicana. ASPA logró obtener un crédito del Banco Obrero, fondeado en ese entonces por ABACO, de 50 millones de dólares de entonces, con lo cual los trabajadores se quedaron con un contrato muy raquítico, pero ASPA adquirió el 25% de las acciones de la empresa, al grado que unos años más tarde estas acciones fueron vendidas con buenas ganancias para sus miembros, en tanto que Aeroméxico recobró e incluso rebasó su estatus de aerolínea nacional. Muchas cosas han pasado desde entonces. Desde el gobierno se promovió la creación de nuevas aerolíneas que fueran capaces de mantener la conectividad si una de las otras dos desaparecía, pero esta vez sin sindicatos combativos.

Este elemento permitió que en el momento en que se suspendieran las operaciones de Mexicana, la administración de entonces optara por evadir sus responsabilidades y dejar sin operar a la Primera Línea Aérea de Latinoamérica, una de las peores decisiones que se han tomado en materia de aviación. Aún así, los trabajadores de Mexicana siguen pugnando por rescatar lo que se pueda, desde el MRO y la base adiestramiento hasta, de ser posible, una nueva aerolínea. El gobierno sólo ha dado vagas esperanzas de apoyar esta idea, pero de manera más moral que real. Tal vez ha llegado el momento de plantear algo más concreto.

En el caso de Aeroméxico la situación ha llegado a un punto muy difícil. Y es aquí en donde los trabajadores pueden echar mano de su historia y de sus capacidades ya probadas. Si en el 88 lo hicieron, hoy pueden repetirlo con una buena propuesta, de la mano de estos u otros inversionistas de capital de riesgo, que permita una nueva resurrección del Caballero Águila.

raviles0829@gmail.com