Ni es mejor literatura porque se venda más, ni es peor literatura porque se venda más.

Las listas de libros más vendidos tienen una larga historia. La primera se publicó a finales del siglo XIX en EU (en la revista The Bookman) y casi cuatro décadas después apareció la que sería la lista referencial de la industria: los más vendidos de The New York Times.

Las listas de más vendidos suelen ser endogámicas. Una vez que un autor o un tema se colocan ahí, se nutren de la exposición para mantenerse, libro tras libro, en la lista. Son referencias de la industria porque señalan, en teoría, qué editor está haciendo más dinero, pero también son referentes para cierto tipo de lector que aspira leer lo que los demás leen para estar al día o en la conversación .

Entre editores hay una discusión permanente sobre si lo que buscan es un best seller inmediato o un long ?seller. En ambos casos, fuera de la exposición en las listas, se necesita talento con la bola de cristal.

Durante mucho tiempo el best ?seller fue sinónimo de un tipo de literatura accesible y prefabricada que presumiblemente no implicaba dificultades para el lector. Esto llevó a ciertas élites (de lectores, intelectuales y libreros) a despreciarlo como el equivalente literario de la comida chatarra.

Y aunque en muchos casos el veredicto era plenamente justificado, en otros, bastaba salir en la lista del éxito para hacerse acreedor a un extraño tipo de estigma intelectual (similar al que ha merecido por años la literatura de género). Si el lector piensa que exagero, considere que hay muchas librerías en España que se enorgullecen de no llevar nunca best sellers en su catálogo.

Por supuesto, como todos los prejuicios, juzgar la calidad de un material por cuánto se vende no puede ser más falaz. Ni es mejor literatura porque se venda más, ni es peor literatura porque se venda más. Y viceversa.

Hace un par de años, Amazon anunció que ya no pagaría a los autores regalías cada vez que un lector descargara un libro de su biblioteca electrónica, sino cuando, y en la proporción en que lo leyera.

El gremio acusó a la librería de quitarles la comida de la boca (a pesar de que sus mayores voceros no padecían hambre ni mucho menos). El criterio sólo aplicaba a la biblioteca de libros en préstamo de clientes registrados.

La segunda implicación tenía que ver con la privacidad del lector. Y es una que se ha discutido poco cuando se habla de libro electrónico. El debate se concentraba en el fetichismo por el papel y el olor a tinta, contra el plástico y la frialdad del e-ink; el número de títulos que era posible cargar contra la limitación de las baterías. Sin embargo, un aspecto poco atendido es los datos a que tiene acceso el vendedor de libros electrónicos que sincroniza sus servidores con el dispositivo: saber qué leemos, cuánto nos demoramos en su lectura, qué notas ponemos y dónde, etcétera.

La biblioteca típica según un fantástico cartón de Tom Gauld incluía libros: leídos, que queremos leer, que hemos leído a medias, que pretendemos haber leído, que guardamos para cuanto tengamos más tiempo, que nunca leeremos, que están ahí ?para presumir que los tenemos, que ya leímos pero no recordamos ?haberlo hecho y que deseamos ?nunca haber leído.

En la era del libro electrónico, la información que proporciona el dispositivo es una mina para el vendedor, el editor y hasta el autor.

Esto va más allá de la especulación. Amazon acaba de lanzar un complemento para su lista de más vendidos: la lista de más leídos. Y como podría suponerse, ambas listas tienen diferencias significativas.

La lista incluye datos de tres lugares: los libros físicos que se venden, los libros electrónicos Kindle y los audiolibros Audible que se prestan, descargan, escuchan y leen. Algunos títulos incluso tendrán el sello de imparable cuando sean leídos más rápido y continuamente que otros.

Mientras que la lista de más vendidos es una palestra que lleva al editor y al autor al estrellato instantáneo, la lista de leídos es una señal para los editores y lectores de a qué títulos y autores deberían poner atención.

Los 10 libros más leídos en ficción ?incluyen El cuento de la criada de Margaret Atwood (primer lugar en ambas listas gracias a la serie de TV), American Gods de Neil Gaiman, Eso de Stephen King y dos títulos de ?Harry Potter. En No-ficción: clásicos de autoayuda de Dale Carnegie, Napoleón Hill y Stephen Covey, pero también el nuevo libro de Neil DeGrasse Tyson Astrofísica para gente con prisa, y Sapiens de Yuval Noah Harari.

@rgarciamainou