Fuego amigo es el diagnóstico inicial en la Secretaría de Gobernación. Corre la tercera semana de junio y varios obuses periodísticos tratan de minar la confianza en el michoacano Salvador Vega Casillas, secretario de la Función Pública, quien carecería de autoridad moral alguna –de acuerdo con esas versiones tampoco desmentidas– porque ni siquiera pudo investigar ni castigar la corrupción doméstica.

Un análisis más detallado desfiguró las pistas que ubicaban a la diputada Josefina Vázquez Mota y, también, las que apuntaban hacia el senador Manlio Fabio Beltrones detrás de los señalamientos que involucrarían a la esposa del funcionario, Gladis López. Las líneas de investigación enfocaron entonces hacia los operadores mediáticos de Elba Esther Gordillo Morales, pues la extensión de esas injurias había coincidido con una cita de la Presidenta Vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) con el secretario de Gobernación, José Francisco Blake Mora.

El encuentro tuvo lugar el jueves 23 de junio, dos semanas después de que Juan Díaz de la Torre hubiera sido aclamado –por unanimidad– como nuevo Secretario General del SNTE por el pleno del Consejo Nacional de esa organización gremial. Una reunión de trámite, con las cortesías habituales; una larga lista de oradores –acudieron todos los secretarios seccionales y los integrantes de los colegiados que integran el Comité Ejecutivo Nacional– y la queja expresa de La Maestra Gordillo Morales sobre el curso que estaban tomando las auditorías en el ISSSTE.

Sus temores están fundados. En efecto, la Secretaría de la Función Pública procesa actualmente procedimientos fiscalizadores en el ISSSTE, sí, pero igualmente en la Lotería Nacional, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, además de la Subsecretaría de Educación Básica. Indagatorias que iniciaron hace años, pero que algunas están por concluir.

Quedito, en esos días, y después con la resonancia de su insólita conferencia de prensa del pasado miércoles 29, La Maestra patentiza su hastío por lo que en su entorno catalogan como una especie de hostigamiento oficial. Y es que, semanas antes, en el contexto de renegociación del Contrato Colectivo de Trabajo, percibió clarísimas señales de que en algunos sectores del gobierno calderonista hay preocupación por la legalidad de la integración de la dirigencia magisterial.

Una preocupación fundada, por lo demás. La reforma al estatuto del SNTE, realizada en el verano del 2004, establece que la Presidencia y la Secretaría General Ejecutiva –los cargos máximos del Comité Ejecutivo Nacional– deben ser renovados cada cuatro años. En el 2006, su compañero de fórmula, el profesor veracruzano Rafael Ochoa Guzmán, había optado por ocupar un escaño en el Senado de la República, pero hace dos años fue obligado a regresar al cargo sindical para no generar una crisis de legalidad.

Para mediados de este año, el relevo resulta imperioso. La Maestra está urgida a realizar los ajustes, so pena de una intervención directa de las autoridades laborales. ¿El mensaje habrá sido claro? ¿O será que Elba Esther entendió que la estaban emplazando a que se apartara del cargo que ocupa formalmente desde hace seis años? Imposible determinarlo por la conducta apresurada, incluso errática, de la Presidenta Vitalicia del SNTE, quien en procesos simultáneos conduce el relevo de Ochoa Guzmán y la designación de su exsecretario particular, Luis Castro Obregón, y de su hija, Mónica Arriola, en la dirigencia nacional del partido Nueva Alianza.

Sin disidencia y sin que la autoridad electoral siquiera pueda sancionarla con el pétalo de una multa, puede hacer lo que sea con su plataforma política, pero eso no se aplica al SNTE, donde existen señales que apuntan a la ilegal unción del nuevo Secretario General, dado que –en violación a las disposiciones estatutarias– desde hace cuatro años no sesiona el Congreso Nacional de la agrupación magisterial. Tampoco es que en el corto plazo pudiera convocarse, pues la correlación de fuerzas al interior de esa organización no permitiría que un personaje de las características de Díaz de la Torre –a la sazón exsecretario particular de Gordillo Morales– ganara esa posición, en caso de que la selección fuera por voto universal y secreto de los trabajadores de la educación.

Las indagatorias en las finanzas de las posiciones que Felipe Calderón le entregó en el 2006 han perturbado a la cúpula del SNTE. La Maestra ha decidido cerrar filas y establecer la última línea de defensa con un entorno estrictamente familiar en el que participan sus hijas Mónica y Maricruz; su yerno Fernando (subsecretario de Educación Básica en la SEP); sus exsecretarios particulares Luis Castro Obregón y Juan Díaz de la Torre; su expareja sentimental, Francisco Arriola, actual tesorero del sindicato; sus asesores más cercanos, Antonio Rodríguez y Alfonso Zárate Flores, además del gobernador de Puebla, Rafael Moreno-Valle, y su tío Javier, uno de los amores más entrañables de La Maestra.

De la obsesión podrían pasar a la paranoia, si se confirma que en el escritorio de la procuradora Marisela Morales Ibáñez se engrosan, con el paso de los días, los expedientes sobre La Maestra. ¿Persecución? ¿Hostigamiento?

Salvo los fantasmas del pasado, hasta hace unos días no había animadversión contra Gordillo Morales. Pero el desaseo en el relevo de las cúpulas del SNTE y Nueva Alianza y –sobre todo– su desastrosa aparición mediática de la semana pasada ha revertido esa tendencia.