Estados Unidos demandó ante la Organización Mundial del Comercio a México, China, Canadá y la Unión Europea por las represalias arancelarias que aplicaron, con toda razón, como respuesta al unilateralismo arancelario.

La gota que derramó el vaso fue el comportamiento beligerante y volátil de Donald Trump ante los líderes de la Unión Europea (UE), sus propuestas belicistas a la Organización del Tratado del Atlántico del Norte y sus agresivas sugerencias a Theresa May, la primera ministra británica, para enfrentarse a la UE en relación con el Brexit. Días después, aparecía complaciente ante Vladimir Putin.

Toda la agresividad que muestra ante los líderes europeos contrasta con la debilidad que tiene con el presidente ruso. La sospecha de que éste le tiene información que lo puede destruir parecería ser la explicación. Otra es el hecho de que ambos coinciden como nacionalistas expansivos con cargo a sus países y a los demás.

Putin, al reaccionar en contra de Estados Unidos en el Medio Oriente y reclamar el antiguo protagonismo soviético en Europa, ahora desafía el orden internacional que se definió después de la Guerra Fría que le había otorgado primacía a Estados Unidos (EU). Lo paradójico es que, con la complacencia de Trump, Putin tiene un colaborador en la Casa Blanca para afirmar un sistema internacional basado en la supremacía de poder y en hegemonías regionales.

De ahí la respuesta crítica de destacadas figuras políticas de Estados Unidos a la actitud de Trump con Putin.

El senador de Arizona, Jeff Flake, dijo: “Nunca creí que vería a un presidente estadounidense subirse a una tarima con el presidente ruso y echar la culpa a EU de una agresión rusa”. El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, señaló: “No hay duda de que Rusia interfirió en las elecciones del 2016 y que no hay una equivalencia moral entre EU y Rusia”.

Además, el senador John McCain calificó la actitud de Trump como “una de las más vergonzosas en la historia por parte de un presidente de Estados Unidos. El daño infligido por el egoísmo e ingenuidad de los autócratas de Trump es difícil de calcular. Pero está claro que la Cumbre de Helsinki ha sido un trágico error”.

Previo a la reunión Trump-Putin, el Departamento de Justicia anunció la acusación formal contra 12 agentes rusos de inteligencia por robo y divulgación de documentos del equipo de campaña de Hillary Clinton en las elecciones del 2016. McCain reclamó a Trump que se mostrara firme en la cumbre y exigiera responsabilidades a Putin. No lo hizo.

Ante la posición de Trump de iniciar una guerra de aranceles, de su identificación con Putin, de agresión a los socios occidentales de EU, de sentirse víctima de una conjura para negarle legitimidad y de rechazar todo tipo de colaboración para definiciones globales a los problemas que atañen a todos, el mundo se repliega en nuevas alianzas. Porque, además, Trump sigue siendo popular en su país.

La UE teje nuevos acuerdos. Impulsó un acercamiento con China y hace unos días firmó un pacto comercial con Japón, el mayor que se ha suscrito, por sus alcances económicos. También reafirmó el Acuerdo Nuclear con Irán. Ello como contrapartida a la antidiplomacia de Washington. Los europeos se han concentrado en la defensa del orden institucional, que es irrelevante para Trump.

Éste es el panorama esquizofrénico que encontrará el próximo gobierno mexicano. Por lo pronto, EU demandó ante la Organización Mundial del Comercio a México, China, Canadá y la UE por las represalias arancelarias que aplicaron, con toda razón, como respuesta al unilateralismo arancelario del gobierno norteamericano.

Por ello, lo que tenemos que privilegiar en la política exterior mexicana son las relaciones institucionales con EU con base en nuestros principios y respeto al sistema de cooperación multilateral que está basado en normas.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.