La firma del acuerdo que establece la agenda de cambios necesarios para promover el crecimiento de la economía, con mayor equidad, ha marcado un hito en la historia moderna, en especial después de la llamada apertura democrática, que ha permitido una mayor representatividad política de grupos de oposición y partidos opositores.

Desafortunadamente, esa mayor representatividad no marcó una mayor participación de las fuerzas opositoras, en especial cuando el argumento del fraude en las elecciones fue utilizado para quitar legitimidad al Presidente en turno y a su equipo, lo que imprimió una parálisis en diversas áreas y dio origen a la época del llamado crecimiento inercial.

Hoy en día, hemos acumulado rezagos en muchos aspectos, al grado de que la pobreza no disminuye y muchos que se consideran marginados del crecimiento han optado por la economía informal, la delincuencia y la corrupción.

Haber puesto de acuerdo a los partidos en un fin común, ha marcado el alto a los excesos que se derivaron de la mayor apertura, que tuvo que ir acompañada de una mayor tolerancia, lo que fue aprovechado para rebasar todo límite permisible. Incluso los problemas para lograr un acuerdo con el fin de formar una fuerza pública coordinada centralmente se derivan de los mencionados excesos, que significaron una fuente de recursos para muchos, que hoy se oponen a esta decisión.

A tan sólo algunos días de la firma del acuerdo, han comenzado a surgir problemas con aquellos que hoy sienten que tienen todo que perder, hasta la posibilidad de algún día erigirse como líderes de los destinos nacionales.

Es realmente una lástima la falta de visión y la pobre actitud de servicio mostrada por quienes amenazan con no sólo oponerse a los cambios que ya acordaron, sino bloquear cualquier posibilidad de avanzar. Ya olvidaron el costo social que ha significado para las mayorías el simplemente oponerse a todo lo que plantea el partido en el poder y pretender que sólo hay una forma legítima de actuar: la de ellos.

Vienen las pruebas más difíciles, que son las reformas necesarias para que el petróleo recupere su capacidad de impulsar el desarrollo nacional, pero de una manera sana, que no signifique un botín para ciertos grupos minoritarios. Ésta tendrá que venir acompañada necesariamente de una reforma hacendaria, que elimine la dependencia de las finanzas de los ingresos petroleros. Para dichas reformas, deben trabajar todos los grupos, en la misma dirección, o no van a progresar.

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