En la pasada elección hubo candidatos vinculados al narco y el crimen.

Muchos eventos graves ocurrieron en las pasadas elecciones. El más importante fue la ausencia de propuestas alrededor del de-sempleo, la miseria, el estancamiento económico, el atraso social y la penuria educativa, todos ellos problemas esenciales de nuestro país y que han hecho que la población esté derribada emocionalmente.

Las encuestas confirman esta situación y deberían haber sido base para ofrecer alternativas de solución. Dicha situación constata que el poder que gobierna es mucho más que el poder de la mayoría o de quienes votan.

Lo que sobró fue descalificar a los ocupantes de las posiciones en competencia para sustituirlos. Si la crítica despiadada hubiera sido sólo una parte, se aceptaría con sus condicionamientos, pero sólo fue eso, como si los nuevos vinieran del paraíso y no tuvieran cola que les pisen. Candidatos, salvo honrosas excepciones, con una larga carrera de corrupción y atropellos, vinculados al narco y al crimen.

La estrategia del acoso y la destrucción consistió en desalojar a los que gobiernan y a los adversarios políticos.

El PAN no tuvo candidatos, excepto Javier Corral en Chihuahua, del corte de los panistas fundadores que exigían a las instituciones el cumplimiento de sus responsabilidades. En vez de ello, protagonizaron una guerra sucia. Esto perfila para el 2018 un estilo destructivo con cuchillos largos afilados.

Además, lo que es previsible es que los nuevos gobernantes difícilmente serán mejores y entonces ocurrirá el síndrome Robespierre: los que abanderan el purismo moral sucumben a la locura del poder y terminan en la guillotina.

El fenómeno electoral mexicano y su democracia incipiente no es nuevo ni original. En Brasil hay una cacería despiadada por corrupción de todos los políticos en el poder o que lo aspiran, desde expresidentes hasta el actual jefe de Estado y líderes políticos.

En Venezuela, la desolación social es un escándalo por la resistencia paranoica de Maduro de no compartir el poder. Los últimos clavos del ataúd Chavez-Maduro los pusieron los Panama Papers, que evidenciaron el envío multimillonario de dinero de ellos hacia paraísos fiscales.

En Argentina, la cacería política al peronismo es un escándalo nacional. Cada día nos enteramos de la enorme perversidad de figuras políticas importantes. Esto en un país educado.

De esta simplificada enumeración, la principal nota positiva es la derrota de Keiko Fujimori en Perú.

Alexis de Tocqueville, uno de los grandes impulsores de la democracia, dijo: La democracia es el peor de los sistemas políticos, excluidos todos los demás . Y también observaba que el gobierno democrático supone siempre la existencia de una sociedad muy civilizada.

En México, deberíamos aspirar a una mejoría permanente, fijando como prioridades el fortalecimiento de las instituciones y tener legitimidad de gestión de los gobernantes. Resolver las diferencias y las rigideces de la vida política, colaborando en aras de la gobernabilidad. Asimismo, depurar los cuadros políticos para tener una competencia de ideas y propuestas para superar el salvajismo de sólo manejar dinero para comprar a los enemigos y a los votantes.