El derrame de 3 metros cúbicos (sí, tres) de ácido sulfúrico, por parte de la empresa Minera México, en un muelle industrial dentro del recinto portuario de Guaymas nos ha permitido valorar con objetividad la política ambiental (por llamarle de algún modo) del actual gobierno. Es útil para ello tener en perspectiva, por un lado los incendios devastadores que se han presentado durante los últimos días en la Reserva de la Biósfera de Sian Ka´an, joya de la corona en la biodiversidad de nuestro país, y Patrimonio Mundial de la UNESCO, y por el otro lado decisiones tomadas por el gobierno con respecto al Mar de Cortés, denominado Acuario del Mundo por su extraordinaria riqueza biológica marina en riesgo. Cabe destacar que en ocho meses de gobierno, el derrame de 3 metros cúbicos de ácido sulfúrico, curiosamente, ha sido el único tema ambiental que ha merecido la atención, indignación y reacción del presidente desde su púlpito mañanero. Ni siquiera la conflagración y destrucción de miles de hectáreas en Sian Ka´an le ha provocado algún interés similar. Tampoco al secretario de Semarnat, que inexplicablemente ha brillado por su ausencia mientras se juegan el pellejo los escasos combatientes del fuego en la reserva de la biósfera.

Minera México es una empresa muy grande con indudables problemas de desempeño ambiental, algunos de ellos graves. Sería necesario compararla con otras empresas similares en giro y escala como Vale, Río Tinto, y Anglo American para saber si sus prácticas en este ámbito difieren significativamente de la norma. Esto lo tendría que hacer la Profepa (hoy diezmada) a través de un proceso integral de auditoría ambiental, para adoptar las decisiones correspondientes de acuerdo a ley. Lo interesante es entender por qué se exageró hasta el delirio un incidente bastante menor y sin consecuencias ambientales, tal como lo reconocieron la propia Semarnat y la Profepa. Recordemos de nuestras clases de química de preparatoria que al entrar en contacto el ácido sulfúrico (muy reactivo, con un PH extremadamente bajo) con el agua de mar (alcalina, o con PH alto), se disocia en una reacción exotérmica instantánea en aniones de hidrógeno y sulfatos que se disipan en la atmósfera en forma de vapores. Fuera de un fuerte aumento transitorio en la temperatura local del agua (por la reacción exotérmica), no hay mayores efectos en el medio ambiente. Esto quedó de manifiesto hace 26 años frente a las costas de Lázaro Cárdenas, cuando el buque noruego Betula encalló y derramó 20,000 metros cúbicos (sí, 20,000) de ácido sulfúrico en el mar, sin consecuencias ambientales apreciables. Por supuesto que el incidente debe ser investigado y aplicarse las medidas correctivas y preventivas necesarias, así como la sanción que proceda de acuerdo a la ley. Sin embargo, resultó increíblemente desproporcionada la respuesta del gobierno, incluso del presidente, llegándose a amenazas de aplicación retroactiva de la ley y de reabrir arbitraria e ilegalmente casos de otros incidentes ocurridos en los últimos 22 años y ya saldados en materia técnica, legal y económica, e incluso de cerrar o clausurar a la empresa que tiene decenas de miles de trabajadores y cientos de operaciones en México y el extranjero. También se quiso magnificar de manera burda y torpe el episodio, al asociarlo disparatadamente con la muerte de una tortuga y de un lobo marino en playas situadas a muchos kilómetros de distancia (y que con seguridad murieron ahogados en redes pesqueras, como es común; pero eso no importa). Todo ello sucedió al tiempo en que el fuego arrasaba con 2,500 hectáreas en Sian Ka´an, y sin que esto generara ningún tipo de preocupación o interés por parte de la Presidencia ni del Secretario de Semarnat. ¿Por qué?

Por dos razones. La primera es el conflicto añejo de un prominente líder sindical minero y HOY Senador de Morena contra la empresa Minera México, y el respaldo que ha recibido desde la Presidencia de la República. Desconozco, aunque sospecho, las causas y motivaciones subyacentes. Es preocupante una gestión ambiental frívola y escorada por pesados intereses económicos y políticos. Y es previsible su hundimiento. La segunda es la clara responsabilidad del gobierno en la propagación del incendio en Sian Ka´an, por haberse destruido capacidades de vigilancia, prevención, atención y respuesta inmediata. E igualmente, por los limitados recursos humanos y materiales que se han asignado para combatirlo, debido al desmantelamiento institucional de la semarnat, de la Conanp y de la Conafor a través de despidos de personal y recortes presupuestales brutales e inhabilitantes. Todo, para transferir dinero a Pemex, a megaproyectos absurdos, y a la gigantesca red de subsidios clientelares que son la esencia, soporte, y garantía de perpetuación del régimen.

Por último, hay que destacar el interés vano y súbito del gobierno por el Mar de Cortés en el contexto del incidente del ácido sulfúrico, cuando días antes de tomar posesión canceló el proyecto de crear ahí una gran reserva de la biósfera con exclusión de pesca industrial, para la conservación y recuperación de la biodiversidad, y en beneficio de las comunidades pesqueras ribereñas de Baja California Sur.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.