Tenemos un problema de inflación, cuyo ritmo anual es del 6 por ciento. Algunos consideran a esa tasa como “baja o tolerable”, pero el problema es que es el doble de la meta del 3 por ciento. Ello acelera las expectativas de inflación del público y de los mercados. Por eso la política monetaria del Banco de México busca anclar a mediano plazo esas expectativas alrededor de su meta. Las expectativas de inflación son endógenas; si fuese posible modificarlas exógenamente, la estabilización se podría lograr con menores costos sociales.

El origen de las actuales presiones inflacionarias es inédito ya que son una combinación de presiones de demanda con choques a la oferta agregada, estos últimos principalmente del exterior y derivados de la pandemia. Pero también otro factor interno son los ajustes en precios relativos que por la recesión se habían pospuesto y que ahora productores y comerciantes quieren recuperar con rapidez.   

Ha habido una discusión acerca de si esta inflación es transitoria o permanente. Inclusive un argumento de uno de los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México para no subir la tasa de referencia, es que ello sería poco eficaz para corregir los choques de precios temporales de oferta. Por ello vota por mantener una pausa. Si bien es más difícil que el incremento en la tasa de interés afecte esas disrupciones, me parece que el argumento de la pausa menosprecia el impacto que la política monetaria puede tener sobre el anclaje de las expectativas. Considero que esta discusión de inflación temporal vs. permanente elude la responsabilidad de disminuir una inflación que procede a un ritmo preocupante. La inflación es alta y debe ser combatida con determinación.

El Fondo Monetario Internacional en su reporte más reciente sobre México (bajo el Articulo IV) valida que la inflación se considere como transitoria. Sin embargo, para adoptar una pausa de incrementos en la tasa de política, recomienda cautela ante la necesidad de asegurar un firme anclaje de las expectativas de inflación a medio plazo.

El FMI endosa el enfoque gradual aplicado por el Banco de México para disminuir la inflación. En consecuencia, éste ha ido postergando cada vez más la convergencia hacia su meta del 3 por ciento. Ahora señala que piensa alcanzarla en la segunda mitad de 2022. Esto ha llevado a algunos a cuestionar si el gradualismo no es demasiado tibio y que sería preferible un tratamiento de choque para recuperar el poder adquisitivo. Es un debate complejo. El gradualismo implica menores costos a la economía real. Pero puede tener la desventaja de mandar señales poco contundentes y que las expectativas pierdan “paciencia”, alargando más el horizonte de cumplimiento lo que compromete la credibilidad. Por otro lado, el tratamiento de choque (aumentos agresivos en la tasa) tiene la ventaja de romper con la inercia que tienden a tener las expectativas y mueve a la economía más rápidamente a un sendero descendente de precios. Pero tiene la desventaja de los costos de la economía real. Ciertamente en los meses venideros el debate sobre la inflación y la mejor forma de controlarla seguirá presente.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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