Cada seis años, el país debate sobre los temas de mayor preocupación para la sociedad en general y se discuten aspectos relevantes para el futuro de la nación.

Uno de estos temas es el nivel de competitividad nacional, que en la actualidad posiciona a nuestro país en el lugar 36 de 43 países estudiados por el Instituto Mexicano para la Competitividad.

A nivel internacional, México retrocedió tres lugares, del 48 al 51, en el Anuario de Competitividad Mundial 2018 elaborado por el Instituto para el Desarrollo Gerencial. Dicha posición es la más baja que el país ha tenido desde 1997, cuando fue incluido en esta clasificación.

Bajo este contexto, el Comité de Capital Humano del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) busca aportar al debate de la agenda pública las acciones en pro de la materia, sobre todo en función de generar empleos mejor remunerados.

Sabemos que un país competitivo es el que consistentemente atrae talento e inversiones. Y en este rubro, el Instituto Mexicano para la Competitividad ha evaluado positivamente a México con base en aspectos como: la urbanización de la población que permite mejor movilidad laboral y el desarrollo de talento, adecuado para atraer inversiones de industrias de alta tecnología como la aeroespacial y la automotriz.

No obstante, enfrentamos grandes retos para mejorar el desarrollo de talento, como son el alto costo y limitado acceso a servicios de salud, los bajos rendimientos de las afores, el bajo nivel de inversión en actividades de investigación y el alto número de personas en la economía informal.

Por tal razón, en el Comité de Capital humano del IMEF exhortamos a que el debate de la agenda pública incluya soluciones en la materia. Un ejemplo de ello es la propuesta de gravar con tasa cero el ISR a quien gane menos de 10,290 pesos al mes, lo cual favorecería la reducción de la informalidad.

En cuanto a las afores, se necesitan evaluar las políticas de inversión y las estructuras de costos para lograr mejores rendimientos netos a los ahorradores.

Respecto a la investigación y desarrollo, se observa que para lograr un impacto real en la productividad de las industrias a través de la investigación, se debe revisar el sistema de incentivos actual.

Por último, es pertinente abrir una discusión integral y sustantiva sobre el sistema de seguridad social que necesitamos en el país: ya sea orientarlo al modelo universal como en Europa Occidental o ligarlo aún más al mercado laboral como en Estados Unidos.

Esperamos que esta oportunidad de apertura, dada cada seis años entre la clase política y los ciudadanos, sirva para poner sobre la mesa temas de relevancia.

*Presidente del Comité Técnico Nacional de Capital Humano del IMEF.