Jugársela mediante presión para abrir nuevamente parecía la única opción cuando en el Valle de México se está al borde de la asfixia; no había mayor camino que encontrar un punto de acuerdo para ambos frentes.

Los restaurantes en el valle de México han emprendido una cruzada por la supervivencia que propone un reto intrincado: darle una oportunidad a la economía de dicho sector para que no se extingan, a la vez que se procure a toda costa evitar la propagación de contagios y en consecuencia se cuide la salud de los comensales y personal. Pero esta es sólo una muestra visible del daño económico a distintos sectores que por igual están en el patíbulo que amenaza con apergollar el cuello de todos quienes buscan un camino hacia la recuperación que aún parece incierto.

Si retomamos el ejemplo de la industria restaurantera, nos daremos cuenta de un escenario trágico. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac), ha contabilizado un 15% de cierres definitivos de un total de cerca de 600,000 unidades económicas en el territorio nacional; así, estamos ante poco más de 90,000 restaurantes que nunca más volverán a abrir sus puertas.

El daño en las cadenas económicas que devienen de la actividad de esas unidades, es irreversible si no se busca un plan integral para que, una vez que se opere con los protocolos sanitarios acordados, estimule el consumo, alivie las presiones por gastos fijos, busque un esquema fiscal emergente y promueva el financiamiento por vías de créditos suaves. Es así que jugársela mediante presión para abrir nuevamente parecía la única opción cuando en el Valle de México se está al borde de la asfixia; no había mayor camino que encontrar un punto de acuerdo para ambos frentes.

Ahí cabe la reflexión sobre qué tanto se está haciendo para que la generalidad de las micro y pequeñas empresas encuentren bálsamos desde el actuar público para paliar la profunda crisis. Y la reflexión se hace aguda cuando sabemos que, desde estas unidades de la economía, es desde donde mayor número de empleos formales se generan con las consecuencias tributarias correspondientes en provecho del estado por igual. No encontrar un esquema de ayuda público sería el equivalente a condenarse a un daño compartido del cual, a medida que transcurre el tiempo, se ahondará en su complejidad y desde donde será muy complicado salir posteriormente.

Por otra parte, están los razonamientos que generan equilibrio en la opinión. Se sabe que la poca previsión aparejada a la irresponsabilidad y a la corrupción, son una mezcla perniciosa que ha desbordado el nivel de contagios y transmisibilidad de la enfermedad. Sin embargo, las adecuaciones necesarias, así como las deseables para los establecimientos existentes, sencillamente para algunos restaurantes son meramente inalcanzables. La reconfiguración de espacios y otras medidas como la implementación de ventilación mecánica o la instalación de filtros HEPA o detectores de niveles de CO2 serían atingentes si existiera la economía que soportara su compra. ¿Dónde está el deseado equilibrio para no morir en el intento?

Twitter: @gdeloya

Guillermo Deloya Cobián

Analista en temas de política

A media semana

Guillermo Deloya Cobián es oriundo de Puebla, licenciado en derecho, con especialidad en derecho fiscal, maestro en economía y gobierno y doctor en planeación estratégica y políticas de desarrollo. Actualmente cursa la maestría en escritura creativa en la Universidad de Salamanca.

Es articulista y comentarista en diversos medios de comunicación nacionales y locales, ha publicado ocho libros, además de diversos ensayos en temas que van desde lo económico, político y jurídico, hasta una novela histórica ubicada en el siglo XVIII.

Es comentarista y analista en temas de política, economía y jurídicos en ADN40.

Ha desarrollado una constante actividad docente como profesor universitario tanto en Puebla como en la CDMX.

Cuenta con una trayectoria en el sector público de veintiocho años donde ha ocupado cargos en los ámbitos federal y estatal, en la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en la Procuraduría General de la República, en la Secretaría de Hacienda y Crédito Pública, en el Consejo de la Judicatura Federal y el Gobierno del Estado de Puebla, fue Coordinador del Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal, INAFED, de la Secretaría de Gobernación y ha ocupado diversos cargos partidistas.

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