En los últimos años, hemos observado la aceleración de un cambio en el clima mundial, destacando el derretimiento de los glaciares, la pérdida del volumen de hielo tanto en el Ártico como en el Antártico, así como un cambio en los patrones mundiales de precipitaciones pluviales. Existe consenso en la comunidad científica internacional de que la acción humana, particularmente la utilización de combustibles fósiles, ha sido una de las causas de este fenómeno y de ahí el compromiso de utilizar cada vez más energías limpias y de fuentes renovables.

Se preguntará usted cuál es la relación entre lo señalado en el párrafo anterior y lo que he estado tratando en esta serie de artículos sobre cómo abaratar el proceso de crecimiento económico. La respuesta radica en la importancia de la energía para el crecimiento. Es claro que entre más barata y asequible sea la energía disponible para el sector productivo nacional, tanto la eléctrica como el gas, menores serán los costos de producción. Más aún, tener acceso garantizado a fuentes de energía es un elemento que las empresas toman en consideración para decidir cuánto y en dónde invierten.

Uno de los cambios estructurales más importantes que ha experimentado la economía mexicana es el que se derivó de la reforma energética constitucional del 2013 que permitió la participación directa del sector privado en la producción de hidrocarburos y, mucho más importante aún, el impulso a la generación privada de electricidad, de forma tal que en la actualidad casi la mitad de la electricidad generada es realizada por empresas privadas. Más todavía, el esquema de subastas eléctricas, que son acuerdos de largo plazo (15 años) para la compra de energía, dio un incentivo adicional para la instalación privada de plantas de generación con fuentes renovables, solar y eólica.

No sólo la reforma energética impulsó la mayor participación privada en el sector eléctrico, permitiendo una expansión de la capacidad de generación que la Comisión Federal de Electricidad no hubiera podido hacer (tanto por razones técnicas como financieras), sino que bajó los costos de generación. Así, por el esquema de subastas eléctricas de largo plazo, generar un megawatt/hora con fuente eólica tiene un costo de 400 pesos, lo que se compara muy favorablemente con el costo promedio de 280 pesos con los que la Comisión Federal de Electricidad genera esa misma electricidad y todavía más en comparación con los 900 pesos que le cuesta a esta empresa estatal generarla utilizando carbón. Por otra parte, el cambio tecnológico en la producción de páneles solares ha abaratado significativamente su costo y esto es importante, porque 70% del territorio nacional recibe la cantidad de energía solar que hace rentable la generación de electricidad por este método y a precios relativamente bajos para los usuarios.

Dado que el objetivo es que la economía crezca a tasas mayores, sería esperado y racional que el gobierno siguiera impulsando la ampliación de la capacidad de generación de electricidad a través de métodos más eficientes y más baratos como la solar y la eólica en proyectos financiados y ejecutados por el sector privado. Sin embargo, ya vimos que así no va a ser y para muestra tenemos la cancelación de la cuarta subasta eléctrica, la cancelación de la línea directa de transmisión de alto voltaje de las plantas eólicas en el Istmo de Tehuantepec a Morelos y los nombramientos en la Comisión Reguladora de Energía. El presidente Andrés Manuel López Obrador prefiere que la expansión sea llevada a cabo por la notoriamente ineficiente Comisión Federal de Electricidad, incluso impulsando el uso del carbón. Lo que está haciendo es matar la reforma eléctrica y encarecer el crecimiento.

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Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.