En los artículos anteriores, he señalado algunos de los elementos que explican por qué el crecimiento económico en México es un proceso notoriamente caro y de ahí la muy baja tasa promedio (2% anual) que se ha registrado en los últimos años. En el primero, hice una planteamiento general, el segundo lo dediqué al capital humano y el tercero a la innovación tecnológica.

Uno de los elementos que las empresas toman en consideración cuando deciden si invierten, cuánto y en dónde es la infraestructura disponible, ya que su cantidad y calidad es uno de los determinantes de la tasa esperada de rendimiento. Para las empresas es crucial la infraestructura que les permita el acceso a los insumos de producción que se requieren (energéticos, telecomunicaciones, materias primas, etcétera), así como a los mercados en donde venden el bien o servicio producido (infraestructura de transportes), como también es importante la infraestructura urbana en donde se localizan. Es claro que entre mayor sea la cantidad y sobre todo la calidad de la infraestructura, menores son los costos de la actividad económica y menor también el costo de crecer.

En cualquier economía, la infraestructura existente es generalmente, aunque no exclusivamente, construida y administrada por el gobierno, por lo que su cantidad y calidad es resultado de las decisiones que tome el gobierno (en sus tres niveles) en lo que respecta a su gasto en inversión. ¿Cómo está México en algunos aspectos de la infraestructura requerida para la actividad económica? y, más importante aún, ¿cuáles son las perspectivas?

El Índice de Competitividad Global que elabora el Foro Económico Mundial, en la evaluación de cada uno de los 140 países considerados, tiene una sección particular para infraestructura en la cual nos coloca en el lugar 49. Considera dos grandes apartados: transporte (carretero, ferroviario, aéreo y marítimo) y electricidad. En lo que toca a transporte, los lugares asignados por rubro fueron: conectividad por carretera (7), calidad de las carreteras (47), densidad de transporte ferroviario (50), eficiencia de los trenes (74), conectividad aérea (15), eficiencia de los servicios de transporte aéreo (70), conectividad marítima (36) y eficiencia de los puertos (60). En electricidad, estamos en el primer lugar junto con otros 65 países dado que casi 100% de la población tiene acceso a este servicio. Sin embargo, en transmisión de electricidad y pérdidas en distribución (como porcentaje del total generado) estamos en el lugar 85 (debido, en gran medida, a la ineficiencia e ineficacia de la CFE). Otro rubro de infraestructura relevante es el relativo a telecomunicaciones, en donde destacan dos rubros: penetración de telefonía celular (lugar 109) y usuarios de internet como porcentaje de la población (lugar 69).

En materia de transporte carretero, aunque en conectividad estamos en el lugar siete, es necesario distinguir (como en otros aspectos) el sur del país (Chiapas, Guerrero y Oaxaca) del resto. Históricamente, incluso desde la época colonial y pasando por el porfiriato, pero más aún a partir de la década de los 60 del siglo pasado como parte de la política de desarrollo basada en la sustitución de importaciones, la inversión pública en carreteras se concentró en el centro y norte del país con la Ciudad de México como vértice. El sur prácticamente se abandonó hasta la década de los 90, por lo que aún esta región del país tiene una menor densidad carretera y de menor calidad lo que explica, junto con otras variables, su históricamente menor dinamismo económico (y su muy elevada incidencia de pobreza) y que sean los estados que reducen, al nivel nacional, el promedio de crecimiento económico.

Más del tema, en el próximo artículo.

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Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Profesor de Economía, ITAM. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.