Me sumo a la reacción de los contrincantes de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en el reciente proceso electoral y le expreso a su causa y a su partido mi reconocimiento por la contundencia del triunfo. Tendrán, en efecto, una oportunidad grande para “hacer historia”, pero también, alejados de triunfalismos, enfrentarán retos inmensos que no será fácil superar.

Me sorprendió muy favorablemente —y ése es el punto clave en la presente entrega— la moderación y la prudencia que imprimió AMLO a sus primeros mensajes después de conocerse su victoria electoral. Es indudable el acierto que ha significado su convocatoria de conciliación enviada a los mexicanos. En ese sentido, aprovecho la oportunidad para reiterar un pronóstico que ya se ha enunciado en este espacio: en la medida en que AMLO decida seguir por esa senda de la prudencia y de la sensatez, tal vez pueda llegar a hacer un buen gobierno. En sentido contrario, seguir la senda del radicalismo y la confrontación seguramente desembocará en un fracaso que podría ser estrepitoso.

En esta óptica, AMLO nunca deberá desestimar las lecciones de la historia. En México, en fracaso estrepitoso terminaron las administraciones de Echeverría y López Portillo. En el exterior, en ese mismo destino desembocaron el primer gobierno de Alan García en Perú, de Salvador Allende en Chile y desde luego el caso actual del chavismo en Venezuela, que ha sumido a ese pueblo en una crisis sin precedentes en la experiencia de los países en desarrollo.

Habrá que verdaderamente rezarle a Dios para que AMLO continúe por esa senda de la prudencia. Porque no se necesita gran inteligencia para imaginar las tensiones a las que estará sometido durante los próximos meses y a principios de su sexenio. Éstas provendrán, en lo particular, del ala más extrema de sus colaboradores, como Taibo II o Fernández Noroña. Los integrantes de esa ala con toda seguridad tratarán de arrastrar a AMLO por la ruta del radicalismo y de las propuestas más ideológicas que pragmáticas. En esta materia, en los próximos meses, someterán a AMLO a la gran prueba de fuego. En juego estará nada menos que el dictamen sobre su buen juicio como estadista. Una oportunidad clave puede estar marcada por el rumbo que decida seguir en cuanto a la reforma energética. Si se deja seducir por el canto de las sirenas, sólo podrá decirse: ¡pobre México!

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico