El presidente mexicano lleva 229 días sin realizar una visita al exterior.

El presidente de México lleva 229 días sin viajar al exterior. El 100% de la totalidad de su tiempo como mandatario. Pudo detonar un rasgo modélico a escala internacional por los más de 30 millones de votos que le dieron el triunfo en las elecciones presidenciales de julio del 2018. No ha querido hacerlo.

Haber aceptado el chantaje del presidente supremacista estadounidense (control migratorio a cambio de sortear 5% de aranceles a todas las exportaciones) trastocó el basamento de la relación bilateral, renunciando a escenarios diplomáticos donde las asimetrías de poder se reducen gracias al organismos supranacionales.

El Senado mexicano ha sido rebasado por la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Es Nancy Pelosi la que ha mostrado, de manera vergonzosa para los que cobran del erario mexicano, mayor oposición a las decisiones del presidente Trump en las materias migratoria y comercial, en particular, sobre los disparos arancelarios en contra de su socio mexicano.

Es Porfirio Muñoz Ledo (desde la cámara de Diputados) la única voz que bracea a contracorriente de lo que parece ser el coro de una secta obnubilada por su líder, el presidente.

La nota que demuestra el fracaso de la política exterior del actual gobierno mexicano tiene su epicentro en Caracas. Ni las torturas que provocaron la muerte del coronel Rafael Acosta ni el reporte desgarrador de la ONU en materia de derechos humanos provocaron un giro humanitario en la conducción de la política exterior.

La simbiosis ideológica y el carisma que despierta el chavismo en la presidenta del partido Morena, Yeidckol Polevnsky, convierte en cómplice al gobierno mexicano del régimen del dictador Nicolás Maduro por más que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, coloque en su ornamento retórico la palabra “neutralidad”.

El manoseo de Trump y la complicidad con la dictadura de Maduro están debilitando súbitamente la imagen del gobierno de México en el mundo.

Le Monde, 12 de julio: “Mexique: le départ fracassant d’un ministre fragilise AMLO” (“México: la partida demoledora de un ministro debilita a AMLO”). El corresponsal del diario francés califica como “efecto electroshock” la renuncia del secretario de Hacienda Carlos Urzúa.

Financial Times, 10 de julio: “López Obrador needs to accept economic reality” (“López Obrador necesita aceptar la realidad económica”). Como respuesta, el presidente le exige al diario una disculpa “al pueblo de México porque se quedó callado mientras se imponía la corrupción”.

The Washington Post, 14 de julio: “(...) his budget crusade has revealed a tendency to centralize power, worrying same in this country that lived through decades of authoritarian rule” (“Su cruzada presupuestaria ha revelado una tendencia a centralizar el poder, preocupando a algunos en este país que vivieron décadas de gobierno autoritario”).

Como efecto cascada, de la prensa ha pasado al Departamento de Estado de EU la advertencia sobre la incertidumbre que despierta el gobierno del presidente López Obrador.

Pero es el mundo. Una bella quimera para los nacionalistas.

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.