Nada que no hubiera expresado antes dijo el presidente López Obrador en su discurso inaugural. A diferencia de lo que en un momento llegué a pensar, tampoco se trató de un esfuerzo de reconciliación nacional y sí, en muy buena medida, de un acto de autoafirmación para un proyecto frente a la historia.

En lo específico, lo que cabe destacar son las promesas emitidas por AMLO en ese discurso de inauguración en cuanto a temas que suscitaban dudas en muchos y de manera particular en quien escribe esta columna. Esas promesas se emitieron en particular en tres órdenes: el legal o jurídico, el de la economía y el de los procesos electorales. Tengo para mí —y lo digo con toda convicción— que en el cumplimiento sincero y decidido de esas promesas residirá la clave para que AMLO logre o no hacer un buen gobierno.

En el orden de la legalidad, la principal promesa que tendremos que vigilar durante la administración de AMLO será que se cumpla con que “habrá un auténtico Estado de Derecho” y que el gobierno representará legítimamente “a todos”, sin distinción o prejuicio alguno. Esos objetivos serán mucho más importantes que la promesa de que “esta nueva etapa la vamos a iniciar sin perseguir a nadie”. ¡Por favor, lo que se requiere en México es la aplicación de la ley a secas!

En el orden económico, AMLO prometió que no se va endeudar al país como tampoco “habrá necesidad de incrementar impuestos en términos reales”. Y en cuanto a finanzas públicas, se aseguró que “no gastaremos más de lo que ingrese a la hacienda pública”, además de que “las inversiones de accionistas nacionales y extranjeros estarán seguras y se crearán condiciones hasta para obtener buenos rendimientos”. A ello cabría agregar la reiteración hecha por amlo de que “se respetará la autonomía del Banco de México”.

En el ámbito político será de verdad encomiable que se cumpla una muy importante promesa de AMLO: “Actuaré sin odios, no le haré mal a nadie, respetaré las libertades, apostaré siempre a la reconciliación”. Y a ese muy trascendente compromiso el presidente que apenas comienza agregó otro que será clave para su sexenio: “soy maderista, partidario del sufragio efectivo y de la no reelección”. De manera que “dejo en claro, que bajo ninguna circunstancia habré de reelegirme”.

Con lo expuesto basta. No pido más.

BrunoDonatello

Columnista

Debate Económico