El día de ayer, el Presidente celebró, casi en solitario, el 107 aniversario de la muerte de Francisco I. Madero. Lo hizo con un pequeño grupo de funcionarios y las primeras 7 filas de invitados, plagada de miembros, de la Marina y del Ejército. O sea, quienes obedecen órdenes de invitación.

No fueron por gusto, se les ordenó que fueran. Asiento de primera fila, pero no lo acompañó la vida civil. Lo acompañaron quienes reciben órdenes directas. De ese tamaño es el temor del Presidente y su capacidad de convocatoria. Quién tenga opción de asistencia no está invitado, irán los que yo puedo mandar para ser invitados en domingo, una pena.

¿Quién sabe por qué insiste en la lealtad del Ejército? ¿Qué necesita demostrar? ¿Que las Fuerzas Armadas están de su lado? O por lo menos, ¿obedientes a sus designios? Toda una pregunta, con el sospechosismo golpista detrás.

El discurso resultó un recuento muy lamentable y simplista de su visión histórica del papel de Madero en la vida pública de México. Pero, sobre todo, resultó un lamentable recuento de lo que entonces no era la construcción democrática de México, sino el arribo de las clases medias y el cambio del poder, en una realidad que había que atender y corregir. Entonces, nadie hablaba de la democracia como objetivo, era otra cosa.

Madero lo hizo torpemente. Los poderes reales son poderes reales; los problemas son problemas reales y sólo problemas reales. Y el actual presidente quiere pasar a la historia por encima de ser solución; le urge ser una esperanza que quiere concretarse y no lo logra.

Quiere ser recordado, sin haber hecho nada todavía. Jugar a ser historia desde las decisiones cotidianas: es una apuesta, pero se le olvida al Poder del Ejecutivo que eso lo juzgamos años después, no mientras es el Ejecutivo o el encargado de tomar decisiones. Una gran discusión. Pero, pongamos un caso concreto: la ausencia de las mujeres.

Para el Presidente, el asunto de la violencia de género y la atención a las mujeres se ha vuelto un asunto de los conservadores. Declaración y acción de grupos y actuantes que se vuelven mayoritarios ante la incomprensión de Ejecutivo. Por eso saca a Madero de la tumba y por eso hace exclamaciones golpistas: porque no entiende, sencillamente.

Son esos que están en contra de sus designios y de sus convicciones.

Lamentablemente sus convicciones no incluyen el problema de la violencia de género. Por lo tanto, quien piense o divulgue algo al respecto es un conservador que básicamente no está de acuerdo con la agenda que el Presidente ha puesto sobre la mesa. La única agenda posible.

¿Cómo se atreven a poner una agenda alternativa? ¿Cómo se pueden poner a pensar que hay cosas que YO no he pensado? Dice Andrés.

El asunto es simple. El Presidente cree desde lo más profundo de sus convicciones que su agenda es la del país deseable y verdadero. Piensa que su voz, por igual, puede equipararse a la voz de Madero o a encajonar los temas que le están dando cachetadas de realidad todos los días.

El Presidente piensa que quien no está siguiendo su agenda es un conservador, un enemigo, sin considerar que en este país de diversidad sería deseable la unidad a propósitos comunes, incluso los suyos, pero no bajo su mando servil, sino como producto de una reflexión razonada e incluyente. Una invitación amable y solidaria, de eso no sabe nada; un déspota que cree que tiene la razón sin más. 

Un Presidente que llena las sillas de su evento y de sus invitados con soldados, siguiendo órdenes, no convencidos de que hay que acompañar a un líder en sus ideas y en su muy particular explicación de la historia. Nada más, pero, por cierto, nada menos. Esos soldados y esos modestos asistentes a un evento supuestamente de gran trascendencia tienen su propia opinión.

Obedecer no es suspender la reflexión personal íntima. Debe saberlo el Presidente y debe darle mucho miedo, por eso hace eventos llenos de invitados por orden presidencial y no por convicción. Exactamente la demostración de la falta de convicción y con ello la sustitución de personas por soldados. Los gobiernos que sólo gobiernan con soldados sabemos cómo se llaman: dictaduras.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.