Como ya todos sabemos, la popularidad del flamante presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, no tiene precedentes. Diversas fuentes que miden la aprobación lo sitúan con niveles de aprobación entre 60 y 70% de la población.

El poder que AMLO ha logrado aglutinar durante el año que está por terminar es impresionante en todos aspectos. En el Congreso, en gran parte de los municipios, en los estados y desde luego en la CDMX, AMLO y su partido Morena han dejado de ser el partido incómodo de oposición izquierdista y se han convertido en la superpotencia política del país.

Enhorabuena para los morenistas y sus líderes. Sin lugar a dudas lograr sus objetivos políticos y legislativos será relativamente fácil dada su mayoría y el gran apoyo de la ciudadanía.

El triunfo de AMLO es el corolario de varias décadas de campaña continua y de recorrer los estados, municipios y poblaciones donde a nivel micro hizo los cimientos para su apabullante victoria en los comicios y que culminó con su toma de posesión el pasado sábado.

Los datos de audiencias que vieron su discurso de toma de posesión en el Congreso y el discurso de las 5 de la tarde en el zócalo capitalino también corroboran la hegemonía del carismático y popular presidente. Según los datos de Nielsen IBOPE basados en mediciones en 28 ciudades del país, se puede concluir que el mensaje del Congreso de la Unión fue visto por al menos 16 millones de personas por canales de TV abierta. A eso habría que sumarle los números de personas que lo vieron en las superpantallas ubicadas en distintas áreas de la CDMX, así como vía streaming en diversas plataformas y aparatos.

Es evidente que el presidente López Obrador se sabe manejar entre multitudes y a pasos agigantados ha logrado encontrar un espacio ante las cámaras que le ha funcionado bien y le ha brindado un medio aliado para acercarse a la gente. A diferencia de Trump, el discurso de López Obrador carece de agresión directa a sus adversarios, pero manda el mensaje que sus aliados y seguidores quieren escuchar.

Antes de tomar posesión, el presidente López Obrador tuvo acercamientos amistosos con Televisa y TV Azteca y dentro de su consejo de asesores de empresarios tiene a Bernardo Gómez de Televisa y Ricardo Salinas Pliego de TV Azteca.

A menos de una semana de su mandato, podríamos concluir que AMLO se ha sabido manejar positivamente ante los medios, a pesar de algunas declaraciones poco acertadas. Lo interesante será ver el futuro de esta relación, pues ella será el termómetro para medir el índice democrático del país. Al final del día, es importante recordar que tanto los medios como el periodismo independiente fueron un poderoso catalizador para que AMLO lograra posicionarse como líder político en las elecciones del 2018.

Será natural y esperado que los mismos medios y periodistas que criticaron con firmeza los errores de la antigua administración ofrezcan el mismo trato, crítico, hacia esta administración. La forma como AMLO reciba estas inevitables críticas serán lo que determine su madurez política y su capacidad de liderazgo real como jefe máximo de una nación.

En la medida en que la oficina de prensa de la presidencia y el propio presidente sepan respetar la libertad de prensa y logren entablar relaciones con todos los periodistas independientemente de la naturaleza del discurso que ellos puedan ofrecer, será como AMLO podrá palomear su promesa de respeto a la libertad de expresión y su repetida invitación por parte de los demás a disentir.

Encontrar el equilibrio entre una mano dura para controlar lo que en el pasado se manejo pésimamente mal, como el combate a la corrupción y la inseguridad en el país, aunado a una política conciliadora con otros sectores del país, como el empresarial y los medios, será determinante para que sus índices de aprobación permanezcan como hasta ahora o incluso puedan crecer.

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AntonioAja

Columnista

Showbiz